Ancient human DNA found on cave art for the first time

ADN prehistórico: el 'tinder' de las cuevas

ciencia Una ilustración conceptual y artística de una mano humana prehistórica tocando la pared de una cueva oscura. De la huella dactilar emergen hebras brillantes de ADN que se transforman en constelaciones y figuras geométricas rojas (triángulos, puntos), fusionando la arqueología con la genética moderna. Estilo cinematográfico, iluminación dramática de antorcha, atmósfera mística.

Resulta que las paredes de las cuevas son el primer disco duro de la humanidad, y no precisamente uno de estado sólido. Durante el proyecto First Art, entre 2022 y 2025, un equipo de científicos se puso a rascar 11 cuevas entre España y Portugal, buscando rastros de pintura roja y calcita.

Lo que encontraron no fue solo arte, sino la firma genética de quienes, hace miles de años, decidieron que dejar un punto o un triángulo en la roca era el mejor 'post' de su época. La sorpresa llegó en la Cueva de Escoural, en Portugal, donde un dibujo parecido a un punto y coma guardaba ADN humano.

Sí, el primer 'estornudo' prehistórico documentado o quizá la huella de un artista que no sabía que su rastro duraría más que cualquier hipoteca actual. Alba Bossoms Mesa, del Instituto Max Planck, admite con una honestidad refrescante que no saben si el ADN es del artista o de alguien que simplemente pasó por allí y tuvo un ataque de alergia.

Lo fascinante es que el ADN no estaba mezclado con restos de animales, como suele pasar en el suelo, sino que era puramente humano. De cuatro muestras, tres eran mujeres y una era hombre, pertenecientes a los cazadores-recolectores occidentales de hace 17.000 a 5.200 años. Mientras nosotros peleamos por el Wi-Fi, estos tipos dejaron su código genético en la piedra.

Aunque la tasa de éxito es bajísima —solo un panel de 24 dio positivo—, la posibilidad de saber si los Neandertales eran los verdaderos picassos de la Edad de Piedra en cuevas como Nerja o Ardales tiene a Hipólito Collado Giraldo y a Genevieve von Petzinger emocionados. Básicamente, han descubierto que no hace falta cavar hoyos destructivos para leer la historia; basta con que el artista prehistórico haya tenido la mala costumbre de escupir la pintura o tocar la pared.

Crítica:

La noticia es fascinante, pero el éxito de 1 entre 24 paneles es un jarro de agua fría que el titular original intenta maquillar. Demasiada emoción académica para un resultado que, estadísticamente, es casi un milagro.

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