Maletas y Pegasus: El sablazo marroquí en Bruselas
Imagínense que alguien entra en su casa, le lee los mensajes de WhatsApp y, acto seguido, le ofrece una maleta llena de billetes para que deje de quejarse de que le han robado la bici. Pues bien, a escala geopolítica, eso es el Moroccogate. En 2021, el software Pegasus convirtió los móviles de Pedro Sánchez, Fernando Grande-Marlaska, Luis Planas y Margarita Robles en ventanas abiertas para Rabat. No es que el Reino de Mohamed VI tuviera curiosidad periodística; es que tenían el control de las llaves de Presidencia, Interior, Defensa y Agricultura, justo donde se cocinan las exportaciones y los secretos de Estado.
Mientras el ciudadano medio pelea con la letra pequeña de la hipoteca, en Bruselas se manejaba una ingeniería financiera de película. La ONG Fight Impunity, capitaneada por Pier Antonio Panzeri, funcionaba como una lavandería de lujo para canalizar sobornos. La Fiscalía Federal belga, a finales de 2022, encontró más de 1,5 millones de euros en efectivo metidos en bolsas de viaje. Sí, maletas llenas de billetes, como si estuviéramos en una película de mafiosos de los años 70, pero con el sello de la DGED, el servicio de inteligencia marroquí.
El diplomático Abderrahim Atmoun hacía de mensajero VIP entre los espías y la red de Panzeri, Francesco Giorgi y Eva Kaili. ¿El objetivo? Que la UE cerrara los ojos ante la falta de libertad de prensa, los derechos humanos y, sobre todo, que el Sáhara Occidental siguiera siendo un cheque en blanco para Rabat. Al final, eurodiputados del grupo S&D como Andrea Cozzolino y Marc Tarabella terminaron imputados. El Parlamento Europeo, en un raro ataque de lucidez, prohibió la entrada a los delegados marroquíes, admitiendo que su hospitalidad costaba demasiado cara.
Adolfo Sáez