SpaceX: El sablazo espacial de Musk
La cuenta atrás llegó a 40 segundos. El planeta contuvo la respiración. Y entonces… nada. El cohete Starship V3 de SpaceX, el más potente jamás construido, se quedó varado en la plataforma de lanzamiento de Starbase, Texas, el pasado 21 de mayo. Incluso Nicki Minaj, presente en el evento y vestida con una camiseta de SpaceX, vio cómo se esfumaba su primer lanzamiento espacial en directo. No fue una avería cualquiera. No, no. Fue un “ejercicio de ensayo general húmedo”, según las palabras de Dan Huot, de SpaceX, que básicamente significa que llenaron el tanque, llegaron al filo del despegue y… volvieron a empezar.
¿A qué precio? Bueno, mientras el ciudadano medio lucha con la inflación y la lista de la compra, este simulacro de lanzamiento absorbió recursos que podrían haber pagado unas cuantas facturas de electricidad. El nuevo Starship V3, una revisión dramática diseñada para acercar a la humanidad a la colonización de la Luna y Marte (y, claro, a la expansión del imperio de Elon Musk), se ha convertido en una prueba de paciencia. La fecha de lanzamiento se ha pospuesto al 22 de mayo, con la esperanza de que el divertidor de agua debajo de la plataforma deje de dar problemas.
Pero esto va más allá de un simple fallo técnico. Se habla de una misión tripulada a Marte financiada por el multimillonario Chun Wang, un paseo de lujo por el planeta rojo que, sospechamos, tendrá un precio de entrada similar al PIB de un país pequeño. Mientras tanto, la NASA evalúa si usar el Starship de SpaceX o el Blue Moon de Blue Origin para Artemis 3 y 4, un juego de sillas musicales cósmico con millones de dólares en juego. Michael Wall, editor de Space.com, observa el espectáculo con ojo crítico. ¿Será que el futuro de la exploración espacial depende más de la resolución de problemas técnicos de última hora que de una planificación meticulosa? La respuesta, amigos, podría estar a solo 40 segundos de distancia.
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