What Nathan Fielder's 'You Can See Everything' Taught Me About Tech Journalism

Periodismo Tech: Viajes gratis y dientes rotos

social Una ilustración conceptual y satírica. Un periodista con una cámara fotográfica lleva puesta una venda en los ojos hecha de billetes de banco y tickets de avión. Al fondo, una figura empresarial borrosa sostiene hilos de marioneta que controlan la mano del periodista. Estilo artístico de editorial moderno, colores contrastados, atmósfera de ironía corporativa.

Nathan Fielder ha vuelto a hacer lo que mejor sabe: ponernos el espejo delante para que veamos que somos unos ingenuos. Su nuevo documental, 'You Can See Everything', no es solo un viaje alucinante de tres horas sobre Elizabeth Holmes antes de que le cerraran la puerta de la celda por 11 años; es una bofetada al periodismo tecnológico actual.

Mientras Holmes vendía humo con Theranos, el mundo del periodismo tech se había convertido en un club de fans pagado con viajes gratis y cenas de lujo. El autor nos lleva de la mano por su propio 'pecado': un viaje cortesía de NordVPN a Vilna, Lituania. El trato era sencillo: vuelos, hoteles y Cepelinai (esa especie de patatas rellenas que te dejan comatoso) a cambio de 'aprender' sobre la dark web.

Es el clásico 'caballo de Troya' de las relaciones públicas. Te invitan a su campus, te ponen tu nombre en una pantalla LED y, de repente, tu capacidad de criticar se vuelve tan difusa como el Wi-Fi de un hotel barato. El periodista admite que, aunque se creía un zorro en el gallinero, terminó preguntando por coches clásicos en lugar de cuestionar la precariedad laboral de los recolectores de uva de un empresario multimillonario. La tragedia es que el periodismo de acceso ha perdido los dientes.

Hemos pasado de reporteros que removían piedras a 'influencers' carismáticos que cobran cinco o seis cifras por decir que un producto es 'increíble', siguiendo el guion de una agencia de PR. El caso de Theranos no fue un error aislado, sino el resultado de una industria que prefiere el acceso cómodo a la verdad incómoda.

Al final, la diferencia entre Elizabeth Holmes y los unicornios de Silicon Valley que siguen en pie es simplemente que algunos tuvieron más suerte evitando que el castillo de naipes se desplomara antes de cobrar el cheque.

Crítica:

Una confesión necesaria pero tardía. El autor usa el documental de Fielder como escudo para admitir que él también ha sido parte del problema del 'periodismo de cortesía'.

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