Formentera, desbordada por las pateras: ya acumula 150 y sigue sin poder vaciar su cementerio de barcos

Formentera: Paraíso de lujo y cementerio flotante

social Una imagen conceptual y satírica que muestre un contraste dividido: a la izquierda, un yate blanco impecable en aguas turquesas cristalinas; a la derecha, un amontonamiento caótico de pequeñas embarcaciones de fibra desgastadas y oxidadas en un terreno árido y polvoriento. Estilo cinematográfico, iluminación dramática, sin personas.

Formentera vende al mundo un catálogo de aguas turquesas y yates que cuestan más que un barrio entero, pero detrás de la postal hay un cementerio de barcos que ya huele a negligencia. En el área de residuos de Es Cap se amontonan cerca de 150 pateras, un inventario de desastres que ha crecido desde las 112 que ya angustiaban al Consell el pasado 24 de junio.

Es una aritmética sencilla y cruel: mientras el turismo de lujo fluye, la gestión de los residuos migratorios se ha quedado atascada en un 'vuelva usted mañana' administrativo. El Consell, liderado por Óscar Portas, juega a hacer malabares con recursos que no tiene. Recientemente han rescatado una docena de embarcaciones de Es Ram, s'Estufador y ses Pesqueres Altes, intentando que el paraíso no parezca un desguace flotante.

Pero limpiar la playa es como intentar vaciar el mar con un vaso de plástico si la Delegación del Gobierno no mueve el trasero para trasladar los cascos a Ibiza y destruirlos. Es el clásico reparto de tareas: el Ayuntamiento recoge la basura y el Estado se olvida de que existe el camión de la limpieza. La hipocresía es el plato fuerte.

En una isla de apenas 12.000 habitantes, donde el espacio es más caro que el oro, gestionar 182 menores no acompañados y un cementerio de fibra de vidrio es, sencillamente, una locura. Verónica Castelló, consellera de Medio Ambiente, ya ha soltado que las operaciones puntuales son insuficientes.

No se puede gestionar una crisis estructural con 'operaciones relámpago' mientras los cascos se pudren en Es Cap. Al final, Formentera es el espejo perfecto de la gestión pública actual: mucho marketing de aguas cristalinas, pero una logística que funciona a pedales.

Crítica:

El texto original es demasiado complaciente con la burocracia y se limita a enumerar quejas. Le falta señalar que el 'atasco' en Es Cap es el síntoma de una incapacidad estatal crónica, no un simple problema de espacio.

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