Una clienta árabe arrepentida por un aumento de glúteos ordenó el asesinato del cirujano plástico de Marbella

Glúteos fatales: sicario liquida cirujano en Marbella

social Una ilustración conceptual y oscura. En primer plano, un bisturí quirúrgico y una bala de calibre grueso cruzados sobre una superficie de mármol blanco frío. Al fondo, la silueta borrosa de una palmera de Marbella bajo un cielo crepuscular púrpura, con una mancha de sangre que se extiende formando la silueta de un signo de euro.

Marbella siempre ha sido el escaparate donde el dinero compra el silencio, la belleza y, aparentemente, la muerte. Esta vez, el precio de unas curvas mal gestionadas ha sido la vida de Alexander Aslani. La historia es tan surrealista que parece un guion de serie B: una clienta árabe, arrepentida de su aumento de glúteos, decidió que la mejor forma de gestionar una devolución de dinero no era una demanda civil, sino un contrato de sicariato.

El conflicto empezó con una transacción a medias; la mujer pagó la mitad de la intervención estética, pero el postoperatorio no encajó con sus expectativas. Cuando Aslani se negó a devolverle los euros —un 'no' rotundo que en el mundo de los privilegios suena a declaración de guerra—, la frustración escaló hasta convertirse en una sentencia de muerte.

El miércoles, poco antes de las 18:00 horas, la clínica Cirumed, en la urbanización Panorama, dejó de ser un templo de la vanidad para convertirse en una escena del crimen. Un chaval de 18 años, nacionalizado sueco y de origen magrebí, entró vestido de negro y con la cara tapada, como si fuera un casting para un atraco fallido.

Sin importarle que hubiera otros clientes esperando su turno para retocarse alguna arruga, el sicario entró en el despacho de Aslani y le descerrajó varios tiros en la cabeza, rematándolo con un disparo en el cuello. La huida fue un caos de motos X Max y T Max 400 negras, junto a un Audi A5, coordinados como una coreografía de barrio.

Sin embargo, la Brigada de Policía Judicial de Málaga no compró el cuento y detuvo al ejecutor la tarde del jueves, en menos de 24 horas. Al final, el balance es desolador: un médico muerto y una clienta que descubrirá que hay agujeros contables que no se tapan con cirugía, sino con años de cárcel.

Crítica:

La noticia es un despliegue de sensacionalismo que prioriza el detalle del vehículo sobre la profundidad del móvil. Falta contexto sobre la identidad de la instigadora, limitándose a etiquetas genéricas.

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