Crítica:
La noticia es un ejercicio de contrastes absurdos que deja fuera el monto del salario (si es que existía alguno). El título original es descriptivo, pero ignora la ironía del robo como 'indemnización' improvisada.
La noticia es un ejercicio de contrastes absurdos que deja fuera el monto del salario (si es que existía alguno). El título original es descriptivo, pero ignora la ironía del robo como 'indemnización' improvisada.
Hay que tener valor para llamar 'vivienda' a un establo donde el despertador es el cacareo de una gallina y la alfombra son excrementos de conejo. En Fuenlabrada, la realidad nos ha regalado una comedia negra sobre la ambición y la miseria. El dueño de una finca decidió que un contrato laboral era un lujo prescindible, mientras obligaba a su empleado a doblar jornadas de 15 horas diarias. Básicamente, el tipo lo tenía viviendo como el ganado que cuidaba, con una ducha a la intemperie que convertía el aseo personal en un deporte de riesgo según soplara el viento. Pero el giro del guion llega cuando el trabajador decidió que ya había tenido suficiente de dormir sobre paja. El empleado aplicó su propia 'ingeniería financiera' y decidió que 18.000 euros —15.000 en billetes y 3.000 en monedas— guardados en bolsas de plástico en un armario eran el precio justo por su estancia en el corral. El robo fue una obra de teatro mediocre: muescas artificiales en la puerta para fingir una entrada forzada y un escape épico en bicicleta, con las bolsas colgando del manillar como si fueran la compra del supermercado. El delincuente no fue muy sutil. De repente, el hombre que dormía entre gallinas empezó a lucir ropa de marca y a tatuarse la piel, un salto cualitativo en el estilo de vida que haría palidecer a cualquier asesor financiero. Intentó borrar el rastro quemando las bolsas junto a basura y paja detrás de una maceta, pero la Policía Nacional no compra cuentos chinos. Al final, la justicia ha servido el plato: el trabajador por el robo y el propietario por favorecer la inmigración ilegal y pisotear los derechos laborales. Un empate técnico donde nadie gana, pero la hipocresía del patrón queda expuesta en todo su esplendor.
Hacerse rico en el sector de la publicidad suele requerir o un genio del marketing o una suerte divina. Pero Alba y Laura Rodríguez Espinosa, las hijas del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, parecen haber descubierto un código secreto. Su agencia, Whathefav, es una joya de la eficiencia: cinco empleados, cero deuda a largo plazo y una rentabilidad económica (ROI) del 69,19% al cierre de 2024. Para que el ciudadano de a pie lo entienda, mientras la media del sector sobrevive con un 7,74%, las hijas del exmandatario están multiplicando por nueve el rendimiento común. Es como si todos fuéramos en bicicleta y ellas hubieran aparecido con un Fórmula 1 en una calle peatonal. La ingeniería financiera de Whathefav es, sencillamente, insultante. Su rentabilidad financiera (ROE) escala al 70,06% frente al 19,06% sectorial, y su margen operativo (34,35%) deja al 4,41% de la competencia como una propina olvidada en el mostrador. Mientras la mayoría de las agencias viven hyphenadas al crédito bancario, ellas tienen 134.069 euros en tesorería, lo que supone el 57,2% de su activo. Básicamente, tienen la cartera tan llena que el efectivo representa cuatro veces más que la media del sector. Pero aquí llega el giro de guion. Este éxito rotundo, con una facturación que subió de 301.192 euros en 2022 a 471.811 euros en 2024, no ha pasado desapercibido para la justicia. El juez José Luis Calama, de la Audiencia Nacional, quiere saber qué servicios facturaron exactamente a la consultora Análisis Relevante dentro de la trama del rescate de Plus Ultra. La UDEF ya registró su sede en mayo. Entre beneficios netos de 125.640 euros y dividendos repartidos alegremente, Whathefav es el ejemplo perfecto de que, a veces, el mejor 'marketing' no es el que se vende, sino el que se hereda en el apellido.
En el mundo real, comprar una casa sin hipoteca es un sueño húmedo o el resultado de haber ganado la lotería. Pero en el ecosistema de José Luis Rodríguez Zapatero, parece ser simplemente el 'estándar de oficina'. Gertrudis Alcázar, la secretaria que durante dos décadas ha sido el filtro y la sombra del expresidente, se ha comprado un piso en Velilla de San Antonio por 132.055 euros. Lo curioso no es la compra, sino que lo liquidó a plazos entre marzo de 2021 y junio de 2023, sin pedirle permiso ni un euro al banco. Para el ciudadano medio, eso es un agujero presupuestario; para la UDEF, es una señal de humo que apunta a una capacidad económica que no cuadra con su nómina, ya que no hay herencias ni ventas que justifiquen el despliegue de efectivo. Mientras tanto, el juez José Luis Calama no se anda con chiquitas y ha dibujado un organigrama que parece más una multinacional que un equipo de trabajo: una 'estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias' donde Zapatero es el CEO y Plus Ultra el cliente estrella. En este reparto de tareas, Alcázar no solo gestionaba la agenda, sino que era la pieza clave de la operativa. Y mientras la secretaria guarda un silencio procesal digno de un monasterio, las hijas del expresidente, Laura y Alba Rodríguez Espinosa, han practicado una ingeniería financiera muy eficiente: trasladar 447.095 euros de su agencia Whathefav a sus cuentas personales. El toque final de surrealismo lo pone la caja fuerte de la calle Ferraz, donde aparecieron joyas tasadas en 1,3 millones de euros. Es fascinante cómo el dinero público y los favores corporativos se transforman en diamantes y casas sin hipoteca, mientras el resto seguimos peleándonos con la letra pequeña de la hipoteca variable.
Hay quienes estudian el marketing y quienes, simplemente, nacen con el marketing ya resuelto en el ADN. Laura y Alba Rodríguez Espinosa parecen haber dominado la técnica de la 'facturación creativa' sin necesidad de cursar un MBA. Según la UDEF, las hijas del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero convirtieron su agencia, Whathefav SL, en una especie de terminal de autobuses financiera donde el dinero llegaba de un lado y salía disparado hacia sus cuentas personales. Hablemos de números, que es donde la magia ocurre. Mientras el ciudadano medio pelea con la declaración de la renta, las hermanas movieron 447.095,31 euros a sus bolsillos. Laura se llevó 247.191,06 euros y Alba 199.904,25 euros entre 2021 y 2025. Un detalle exquisito: el padre, el gran arquitecto de la historia, figura como autorizado en ambas cuentas. Es la definición de 'familia unida'. La agencia, especializada en gaming y eSports, pasó de ganar migajas a facturar casi 500.000 euros anuales. Pero ojo, que no es que hubieran inventado el nuevo Fortnite; la UDEF sugiere que no aportaban 'valor propio'. Básicamente, Whathefav era una máquina de maquetar informes para justificar que el dinero de Plus Ultra, Inteligencia Prospectiva (561.440 euros) y Análisis Relevante (240.000 euros) fluyera sin hacer ruido. Todo este baile coreografiado por Julio Martínez 'Julito' y supervisado por la secretaria María Gertrudis Alcázar Jiménez huele a la clásica ingeniería financiera de los que creen que las leyes son sugerencias. El juez José Luis Calama ya ha puesto la lupa sobre este entramado que, según la instrucción, podría ser una estructura de tráfico de influencias y blanqueo. Ahora toca esperar a que Santander, BBVA y el resto de la banca confirmen si el dinero caminaba solo o si llevaba correa.
Hay un arte exquisito en el silencio político, una especie de mimetismo donde los principios se vuelven invisibles según sople el viento. El caso de Laura Borràs es el ejemplo perfecto de este malabarismo. Borràs, condenada a cuatro años y medio de prisión por adjudicar contratos a dedo y fraccionados —lo que en el barrio llamaríamos 'arreglitos entre colegas'—, acaba de recibir un indulto parcial. Y aquí es donde entra Sumar, que ha pasado de pedir la prohibición legal de los indultos por corrupción en marzo de 2024 a practicar un mutismo sepulcral que haría envidia a un confesionario. La gimnasia mental es fascinante. Verónica Barbero, portavoz de la formación, intenta vendernos que el indulto es 'parcial' porque solo evita la cárcel. Es como si te multaran por conducir borracho y el juez te dijera que, aunque no te quiten el carné, puedes seguir usando el coche mientras no te vean los agentes. Una sutileza jurídica para salvar los muebles. Pero el verdadero motor de este silencio no está en el BOE, sino en las aspiraciones de Yolanda Díaz. La política gallega tiene la vista puesta en la dirección general de la OIT, un puesto en la ONU que requiere que el Gobierno de Pedro Sánchez ponga 'toda la carne en el asador'. Básicamente, el precio de una candidatura internacional es tragarse el sapo de una condena por prevaricación. Mientras los Comunes, en 2023, exigían la dimisión de Borràs y Jèssica Albiach sentenciaba que no defenderían indultos por corrupción, hoy el partido de Díaz prefiere mirar hacia otro lado. Al final, la lucha contra la corrupción es como una dieta de lunes a viernes: muy noble en la teoría, pero se Dessert con un indulto cuando el menú del día incluye un puesto en la ONU.
Bruselas se ha convertido en un juego de escape donde el premio es, simplemente, que no te multen. La vicepresidenta Teresa Ribera y la comisaria Jessika Roswall han pilotado la Responsabilidad Extendida del Productor (EPR), una joya normativa que, en teoría, salva el planeta, pero que en la práctica ha levantado un muro de papeles delante de cualquier pyme que quiera vender un envoltorio en dos países distintos. Mientras que para el IVA el comercio electrónico tiene una ventanilla única —algo parecido a pasar por el cajero rápido—, la EPR es como intentar renovar el carné de conducir en los años 80: una odisea de trámites que varían según el capricho de cada Gobierno nacional. Ursula von der Leyen ahora juega al bombero y promete simplificar el mercado único, mientras un ejército de funcionarios escudriña por qué la basura reciclable no puede viajar tan libremente como un turista en agosto. Pero el verdadero espectáculo ocurre en casa. España es la campeona del 'gold plating', esa delicada técnica de coger una norma europea sencilla y adornarla con capas de burocracia innecesaria hasta que es irreconocible. El resultado es un dato que duele: una tasa de infracciones por transposición incorrecta del 1,4%, superando la media comunitaria. Para rematar la faena, en el indicador de facilidad de cumplimiento, España se hunde con un 2,7 frente al 3,9 de la UE. Traducido al lenguaje de la calle: hacer negocios aquí es como intentar correr un maratón cargando con un saco de cemento mientras el funcionario de turno te pide que rellenes el formulario en triplicado y con tinta azul. Ahora pretenden arreglarlo con un 'reglamento de simplificación', lo cual es la paradoja máxima: crear más leyes para que haya menos leyes.
Ceuta se ha convertido en el escenario de una tormenta perfecta donde la buena voluntad judicial y la torpeza administrativa chocan de frente. Mientras el ciudadano medio se pelea con la factura de la luz, la ciudad autónoma intenta gestionar un 'colapso generalizado' que hace que la crisis de mayo de 2021 —aquella de los 15.000 saltos— parezca un simulacro. El problema es que el mar no tiene vallas, y el Tribunal Supremo decidió el 8 de julio que, si no hay valla, no hay 'devolución en caliente'. Un detalle jurídico que suena muy bien en un despacho de Madrid, pero que en la calle se traduce en un flujo imparable de nadadores que recorren más de ocho kilómetros para aterrizar en una costa saturada. La Delegación del Gobierno habla de 1.500 llegadas irregulares en la última semana, pero la Guardia Civil, que es quien realmente se moja, calcula que para finales de julio la cifra superará los 5.000. Es una aritmética del caos: el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) está tan lleno que los alrededores parecen un campamento improvisado. Mientras Juan Jesús Vivas pide acciones 'contundentes', el Ministerio del Interior juega al juego de las 'soluciones mágicas' que nunca llegan a tiempo. Lo más irónico es que el Gobierno tuvo la oportunidad de parchear este agujero normativo en la reforma de marzo de 2025 sobre el reparto de menores, pero prefirieron evitar el debate político para no ensuciarse las manos con la polémica de las devoluciones exprés. Ahora, entre la niebla que oculta a los nadadores y el silencio administrativo, los agentes del GEAS y el Servicio Marítimo se juegan la vida rescatando a jóvenes marroquíes y argelinos, mientras el Estado intenta agilizar traslados a la Península para vaciar un vaso que ya se ha desbordado hace tiempo.
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