Sospechas hacia el tribunal de los exámenes con cero en la PAU de euskera: «Sabían qué centros estaban corrigiendo»

Lotería de ceros: El escándalo PAU Euskera

social Una ilustración conceptual y satírica que muestra una hoja de examen universitaria con un cero gigante y rojo marcado con tinta, donde la hoja se transforma en un laberinto burocrático. Alrededor, un abecedario flotando donde las letras de la I a la S están tachadas con una cruz roja. Estilo editorial moderno, colores contrastados, fondo minimalista de oficina académica fría.

Hacer un examen es, normalmente, una lotería donde el premio es no repetir curso. Pero en la convocatoria de la PAU 2026 en el País Vasco, la lotería se ha convertido en un juego trucado. De los 13.620 alumnos que se lanzaron al ruedo, 168 se encontraron con un cero rotundo en Lengua Vasca y Literatura II.

Un cero que no es una simple nota, sino un muro de hormigón que dinamita cualquier esperanza de entrar en la carrera deseada. Lo sospechoso no es el fracaso, sino la geografía del desastre. Los ceros no han caído como gotas de lluvia sobre todo el alumnado, sino que se han concentrado en dos tribunales específicos.

El tribunal número 11 es el epicentro del caos: el corrector repartió unos 80 ceros, dejando vivo a un solo alumno. Es una carnicería estadística. Resulta fascinante que el 'sablazos' académico afecte precisamente a centros concertados de Bilbao del modelo A (solo castellano) y a un grupo sospechosamente ordenado por apellidos, entre la I y la S.

Desde la Universidad, Angeriñe Elorriaga intenta vendernos que el sistema es tan 'garantista' que hasta podrías sacar un 'menos cero', aunque la plataforma no lo registre. Una gimnasia mental admirable. Mientras tanto, en el colegio Carmen Indautxu, Ana, profesora de euskera, se pregunta cómo es posible que una alumna con nivel B2 y un ocho en Biología en euskera sea liquidada con un 0,5 en la asignatura de lengua.

Eloy Olabarri, director del colegio Ayalde, lo tiene claro: que los ceros sigan el abecedario no es casualidad, es una anomalía. Y para rematar la jugada, Íñigo Ibeas recuerda que el año pasado ya hubo avisos. Pero la respuesta institucional fue un portazo digital vía GAUR: las notas son definitivas.

Solo ocho alumnos se salvaron del tribunal 11, pero nadie sabe quiénes son. Fantasmas que aprobaron donde todos los demás naufragaron.

Crítica:

La noticia expone una anomalía estadística flagrante, pero se queda corta al no cuestionar formalmente la identidad de los ocho 'alumnos fantasma'. Es un caso libro de sesgo institucional disfrazado de rigor académico.

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