La mafia de la ITV de Madrid dejó que circularan más de 3.000 coches con deficiencias peligrosas

ITV de San Blas: 150€ por suicidarse

social Una ilustración satírica estilo caricatura editorial. Un coche destartalado, oxidado y sin ruedas, con un sello gigante de 'APROBADO' en el parabrisas. Al lado, una mesa de bar con una cerveza y un fajo de billetes, situada en una rotonda urbana de Madrid. Colores vibrantes, atmósfera irónica y crítica.

Imaginen que pagar la inspección técnica de un coche es como ir al dentista: o te arreglan la muela o te clavan el precio. Pero en la ITV de San Blas, los jefes decidieron que la seguridad vial era un concepto flexible, siempre que el cliente estuviera dispuesto a pagar 150 euros en lugar de los 50 habituales.

Básicamente, por un 'sablazo' de cien pavos, convertían ataúdes con ruedas en vehículos aptos para circular. La trama, que operaba con la sofisticación de un grupo de WhatsApp y la elegancia de un bar de barrio, tenía su cuartel general en el bar «Los Amigos». Desde allí, Ángel F.

y Ángel J. gestionaban el tráfico de coches como quien pide una ración de bravas. El proceso era una coreografía del absurdo: el cliente dejaba el coche en una rotonda —su recepción VIP—, el recadero lo llevaba a la estación de Applus y un inspector, probablemente bostezando, firmaba el aprobado sin mirar siquiera si el coche tenía frenos o si los neumáticos estaban más calvos que un recién nacido.

En total, más de 3.000 vehículos recibieron el sello de calidad mientras sus cinturones eran adornos y sus luces, una sugerencia. Todo este despliegue de 'ingeniería financiera' dejó una recaudación de 400.000 euros en un solo año. La Policía Nacional, tras 15 operativos de vigilancia, pilló la mentira con un Hyundai Tucson gris que, milagrosamente, pasó la inspección sin haber arreglado ni una sola de las deficiencias graves que lo habían rechazado días antes.

Mientras los jefes de la estación coaccionaban a sus empleados para mantener el flujo de caja, el abogado Alberto Martín ahora intenta vender que Ángel J. era solo un 'recadero' inocente, la eterna canción del peón que solo movía la pieza sin saber que el tablero era un delito.

Crítica:

La noticia mezcla el caso de la ITV con robos de sillas y ancianos en el feed, lo cual es un caos informativo. Se centra demasiado en la defensa del 'recadero' y poco en la responsabilidad corporativa de Applus.

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