Malú, la voz que vendió un millón de copias con 'Aprendiz' a los 15 años (y con ella, la excusa perfecta para saltarse el instituto), se enfrentó a una noche de contrastes en 'El Hormiguero'. Mientras Pablo Motos, con su sonrisa de presentador profesional, relataba la voracidad de la cantante con la merienda de David de Jorge –morcilla, chistorra, pollo, lechazo y pan de pueblo, un festín digno de un rey, o de una artista con ansiedad–, Malú confesaba haber pasado “muy mal” consigo misma, lidiando con un síndrome del impostor que, irónicamente, no impidió la venta de quince álbumes.
Quince, número místico en su vida, pero que no parece protegerla de las pullas de Trancas y Barrancas. La cosa escaló cuando las hormigas, con su particular sentido del humor, le recordaron su origen escolar –“Cantabas para no ir al colegio y llamas al disco Aprendiz”–, provocando la genuina incomprensión de Malú: “No entiendo ese humor”.
La reacción de Motos, una pausa para “reflexionar”, fue la guinda de una noche que demostró que, incluso para las estrellas, el sablazo del humor ajeno puede ser más indigesto que un festín de productos ibéricos. El episodio, digno de un meme instantáneo, revela cómo la búsqueda de la autoaceptación, tras 28 años, puede verse interrumpida por un chiste mal digerido en horario de máxima audiencia.
Y todo, mientras la cuenta de Twitter del programa (@El_Hormiguero) publicaba un vídeo de Malú proclamando su felicidad, ajena a la tormenta de morcilla y sarcasmo.
Crítica:
La noticia es intrascendente, pero la reacción de Malú evidencia la fragilidad del ego incluso en las celebridades. El título original es demasiado literal y carece de gancho. Se echa en falta una exploración más profunda de su trayectoria y las presiones de la fama.
Comentarios