El Gobierno de Pedro Sánchez acaba de lanzar el Plan Estratégico de Educación Inclusiva 2026-2031, y lo ha hecho con esa elegancia burocrática de quien te quita la cartera mientras te explica que, en realidad, solo está 'reorganizando tu espacio personal'. La jugada es maestra: dicen que no es normativo, que es una 'hoja de ruta flexible', palabras que en el lenguaje de la calle significan 'lo hacemos como queremos y cuando nos apetezca'.
El plan afecta a 1,55 millones de estudiantes, pero el verdadero hueso son los 319.115 alumnos con necesidades educativas especiales (NEE).
De ellos, el 14,3% —unos 45.633 chavales— están en centros de educación especial (CEE). El Ejecutivo quiere que estos centros pasen a ser meros 'apoyos' de los colegios ordinarios. Traducido: quieren convertir centros especializados en una especie de consultoría externa, donde los profesionales vayan a echar un cable en su horario lectivo, mientras el presupuesto global sigue siendo un misterio, un agujero contable que el Ministerio de Milagros Tolón prefiere no cerrar con cifras concretas.
La hipocresía tiene un aroma intenso.
Mientras Tolón aseguraba en el Parlamento que las familias no tenían de qué preocuparse, el Consejo de Ministros daba luz verde al plan el pasado martes, ignorando el portazo que dieron las comunidades del PP y Canarias en la Conferencia Sectorial del 18 de septiembre. Jaime de los Santos, del PP, no se ha andado con rodeos y ha hablado de 'robar el derecho' a estos alumnos.
Es la eterna historia: nos venden una inclusión romántica en el papel, pero en la práctica parece que quieren meter a todo el mundo en el mismo saco sin haber comprado primero el saco adecuado. Al final, entre la LOMLOE y los resultados de PISA en Melilla, la educación española parece un coche que intenta subir una cuesta con el freno de mano puesto.
Crítica:
La noticia es un campo de batalla de declaraciones donde el Gobierno se escuda en la 'flexibilidad' para no dar cifras presupuestarias. Falta un análisis técnico real sobre cómo se implementará esa 'colaboración' sin colapsar el aula ordinaria.
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