El Gobierno juega al escondite con la seguridad ferroviaria y el resultado es un tablero donde las piezas empiezan a caerse. Mientras el Presidente se llena la boca hablando de 'confianza quebrada' tras la tragedia de Urda, resulta que en el cajón de Consuelo Sánchez, secretaria de Estado de Función Pública, dormitaba desde el 25 de junio una carta de Aicape que es, básicamente, un grito de auxilio.
Imanol García, presidente de la asociación, no pidió un favor, avisó de que la 'fuga de talento' estaba dejando las infraestructuras en los huesos.
Traducido al lenguaje de la calle: estamos intentando mantener un Ferrari con el presupuesto de un Seat Panda y el equipo técnico de un taller de barrio.
Los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos del Estado están quemados; una encuesta de noviembre de 2024 confirma que más de la mitad sufre un estrés insostenible. Es lógico. No es lo mismo gestionar la seguridad de presas, embalses y trenes que hacer una lista de la compra.
Pero el Ejecutivo prefiere el 'dedazo' político a la solvencia técnica. Aicape denuncia que puestos que requieren un cerebro especializado están siendo ocupados por perfiles políticos, lo que en el mundo real es como poner a un poeta a operar un corazón abierto.
La hipocresía alcanza niveles estratosféricos cuando Óscar Puente anuncia planes de mejora del firme que se quedan en el aire, mientras los profesionales huyen a otras administraciones donde no sientan que el sistema se les cae encima.
Los accidentes de Adamuz, El Bocal y el caos de la DANA de 2024 fueron el tráiler de una película que ya conocemos. Invertir en prevención es barato; reconstruir un desastre es carísimo. Pero claro, el mantenimiento no da votos, y el silencio administrativo durante cuatro meses es la respuesta más clara que el Estado puede dar a quienes mantienen el país en pie.
Crítica:
El texto original es una mina de oro de negligencia, pero falla al no cuestionar por qué el Ministerio de Transportes se lava las manos delegando en Función Pública. Demasiada deferencia con las citas y poca presión sobre el vacío presupuestario real.
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