En la gestión pública, hay una técnica ancestral llamada 'si no lo miro, no existe'. ADIF ha elevado esta disciplina a categoría de arte. Desde diciembre de 2024, el Comité General de Seguridad en la Operación (CGSO) —ese órgano creado en 2017 para evitar que los trenes se conviertan en chatarra aplastada— ha entrado en coma inducido.
No se han reunido. Ni una sola vez en 2025, justo cuando Luis Pedro Marco de la Peña tomaba el mando. La excusa oficial es la típica frase de manual corporativo: 'cambios organizativos'. Traducido al lenguaje de la calle: hemos movido los muebles de sitio y se nos ha olvidado dónde dejamos la seguridad.
Mientras tanto, la realidad golpea con la fuerza de un tren bala en Adamuz (Córdoba) y Urda (Toledo).
Accidentes mortales que, en cualquier mundo cuerdo, habrían provocado reuniones diarias de emergencia, pero que aquí han pasado como ruido de fondo. Para rematar la jugada, la seguridad de la circulación ha terminado en el escritorio de Salvador Almenar, director del Gabinete de Presidencia.
Sí, un periodista. Es como si en un quirófano, para optimizar la gestión, pusieran al jefe de prensa a suturar el corazón. La Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) ya ha puesto el grito en el cielo, advirtiendo que este reparto de tareas es un 'condicionamiento grave' bajo la lupa de la Unión Europea.
Para cerrar el círculo del surrealismo, el ministro Óscar Puente nos dice que el sistema de señalización LZB se ha caído 170 veces en un año y que eso es 'normal'.
Normal es que se te caiga el mando de la tele, no que el cerebro que evita colisiones ferroviarias tenga más apagones que una bombilla fundida. Con equipos de los años noventa y un sindicato como SCF denunciando fallos en la señalización, ADIF nos vende la 'mejora continua' mientras el sistema juega a la ruleta rusa con los pasajeros.
Crítica:
La noticia es un despliegue de negligencia institucional, aunque el texto original peca de ser demasiado amable al citar las justificaciones de ADIF. El contraste entre el cargo de un periodista y la seguridad ferroviaria es el clavo que sostiene toda la historia.
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