El Gobierno aceptó incluso la lista de pasajeros de un barco a Venezuela en los 50 como prueba para nacionalizar a 'exiliados'

Pasaporte gratis: un ticket de barco bastaba

politica Una ilustración satírica y conceptual. Un pasaporte español antiguo apoyado sobre un ticket de barco amarillento de los años 50. Al fondo, una balanza de justicia desequilibrada donde un sello oficial pesa más que un libro de historia. Estilo editorial de periódico, colores sobrios con un toque de ironía visual, iluminación dramática de oficina gubernamental.

Parece que en el Ministerio de Justicia han confundido el exilio político con un crucero de placer por el Caribe. La historia es tan surrealista que roza la comedia: para regalar la nacionalidad española bajo la Ley de Nietos, bastaba con presentar un ticket de barco. Sí, un listado de pasajeros de los años 50 con destino a Venezuela servía como 'prueba' de que el abuelo huía de la represión.

Una gestión tan relajada que haría palidecer a cualquier portero de discoteca un sábado noche. Sofía Puente, entonces directora general de Fe Pública y Seguridad Jurídica, diseñó una instrucción tan permisiva que convirtió el exilio en un trámite de ventanilla. El resultado es un agujero administrativo del tamaño del Atlántico.

De 31.390 expedientes revisados, solo 91 personas han acreditado el exilio de verdad. Noventa y uno. El resto es ruido, nostalgia o simple ingeniería burocrática. En el consulado de Buenos Aires, tras revisar 10.500 papeles, la conclusión es lapidaria: no hay pruebas de exilio, solo gente que se fue de España. Ahora el Tribunal Supremo ha despertado del letargo y ha soltado el sablazo: el derecho al voto para el 29-N queda suspendido para quienes no demuestren que su ancestro fue realmente un perseguido y no alguien que simplemente buscaba mejores horizontes.

Félix Bolaños y José Manuel Albares tienen ahora cinco días para entregar la lista de los 'impostores' o se enfrentarán a multas y responsabilidades penales. Mientras tanto, 600.000 personas ya tienen el pasaporte en el bolsillo gracias a una interpretación tan libre que permitió nacionalizar incluso a bisnietos de emigrantes del siglo XIX, mucho antes de que existiera el conflicto que justifica la ley.

Un despliegue de generosidad con el patrimonio nacional que deja a cualquiera boquiabierto.

Crítica:

El texto original es una mina de oro de hipocresía administrativa, aunque falla al no cuestionar quién permitió que la instrucción de Puente fuera tan absurda durante tanto tiempo.

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