Indignación en el Tribunal de Cuentas: "La causa del 1-O se ha archivado sin que se dictara sentencia en 7 años"

Amnistía y siestas: el 1-O sin factura

politica Una ilustración conceptual satírica. Un enorme archivador de oficina antiguo y oxidado que se traga una montaña de billetes de euro y documentos legales. Al lado, un reloj de arena donde la arena son monedas que caen lentamente. Estilo editorial de periódico, colores sobrios con contrastes fuertes, atmósfera de burocracia decadente.

Hay una forma de arte muy específica en la administración pública española: el arte de hacer que el tiempo borre los pecados mientras el reloj de la burocracia avanza a paso de tortuga con reuma. El Tribunal de Cuentas, presidido por Enriqueta Chicano, acaba de darnos una masterclass de eficiencia inversa.

Después de siete años de deliberaciones, silencios y papeleo, la causa contra Carles Puigdemont y otros treinta encausados por el desvío de fondos del 1 de octubre de 2017 se ha archivado. Sí, archivado. Sin sentencia. Como quien tira el ticket de la compra antes de darse cuenta de que le han cobrado el detergente dos veces. La indignación interna no es por la Ley de amnistía de Pedro Sánchez —que es el borrador final que limpia la pizarra—, sino por la gestión de la consejera Elena Hernáez.

Resulta que Hernáez, designada en noviembre de 2021 gracias a un pacto entre el PP de Pablo Casado y el PSOE, decidió que en lugar de dictar sentencia, era más elegante enviar una cuestión prejudicial al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE). Un movimiento táctico que convirtió siete años de trabajo en un monumento al vacío.

Es el mismo patrón que ya vimos con los ERE del PSOE en Andalucía: mucho ruido, mucha carpeta y, al final, un silencio administrativo que asusta. Lo más delirante es el contraste financiero. El Tribunal de Cuentas ya había admitido en abril de 2019 que se volaron 417 millones de euros en la llamada 'acción exterior' y embajadas catalanas.

Pero, en un ejercicio de timidez contable digno de un niño escondiendo una nota mala, el tribunal solo llegó a reclamar 3,4 millones en un procedimiento unificado. Al final, la resolución es lapidaria: como no se probó que el dinero viniera de fondos de la Unión Europea y la amnistía ya está sobre la mesa, nos olvidamos de todo.

Siete años de sueldos públicos para concluir que no hay que cobrar nada. Un negocio redondo.

Crítica:

El texto original es un festín de indignación que olvida analizar por qué el Tribunal de Cuentas es tan inoperante independientemente de la ideología. Es más un reproche político que un análisis técnico de la negligencia judicial.

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