Ángel Víctor Torres ha aterrizado en Ceuta para hacernos un favor: explicarnos que, en el complejo tablero de la crisis migratoria, los menores no son piezas de dominó que se puedan tumbar y devolver al país de origen así como así. El ministro presume de que "ni un solo" menor ha sido devuelto a Marruecos, porque, claro, hay que seguir el protocolo, que es como el manual de instrucciones de un mueble de IKEA: si te saltas un paso, todo el sistema se derrumba.
Mientras tanto, el Gobierno ha enviado diez expedientes de reagrupación familiar a Rabat, moviendo los papeles con la parsimonia de quien sabe que el reloj no corre igual para todos.
Para aliviar la presión en la ciudad autónoma, han aplicado la técnica del reparto de cartas: 69 menores han sido reagrupados con familias en la península y otros 144 han sido repartidos por diversas Comunidades Autónomas.
Es la gestión del espacio en tiempo real. El despliegue es masivo: 20 recursos para menores y una filiación de 2.566 personas que ya tienen nombre y apellidos en el sistema.
Pero ojo, que con los adultos la música cambia. Aquí no hay manuales de instrucciones delicados, sino una puerta giratoria.
Desde el 10 de agosto, 8.223 personas han hecho el camino de vuelta a Marruecos por la vía del "retorno voluntario" —ese eufemismo elegante para decir que prefieren volver antes de que el expediente de devolución les pise los talones—. A esto sumamos 453 expulsiones por delitos y 3.336 triajes, donde un 30% ni siquiera pide asilo, facilitando que la maquinaria de retorno funcione sin chirridos.
El objetivo final es estético: limpiar las playas para el 15 de octubre.
Tras mover a 400 personas de la playa de Benítez a Loma Colmenar, el Gobierno celebra una operación "exitosa". Ahora toca el tetris inmobiliario: 63 mujeres en La Hípica, 540 al antiguo campo de fútbol de Caballería y 300 familias cerca de la Mezquita. El recurso junto a la cárcel de Fuerte Mendizábal queda como el as bajo la manga, el último refugio antes de admitir que, aunque los números bailen, todavía no saben cuánta gente hay realmente en la ciudad.
Crítica:
El texto oficial es un ejercicio de equilibrismo: presume de humanidad con los niños mientras normaliza el retorno masivo de adultos. Omite convenientemente la cifra total de inmigrantes presentes, convirtiendo la gestión en un juego de adivinanzas.
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