Mayor Oreja recuerda la «tensión» de Aznar al llegar 103 irregulares a Melilla en 1996: «Tardamos una semana»

Mayor Oreja: 103 irregulares y nostalgia legal

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un tablero de ajedrez donde las piezas son maletas viejas y pasaportes, dividida por una línea fronteriza dibujada con tiza. De un lado, un reloj de arena antiguo que marca el tiempo lento; del otro, una marea de figuras abstractas y minimalistas. Estilo editorial de periódico, colores sobrios, sombras marcadas, atmósfera de tensión política.

Hay recuerdos que son como una factura mal cobrada: vuelven siempre para recordarte que alguien se ha aprovechado. Jaime Mayor Oreja, el hombre que manejó el Interior con mano de hierro, ha decidido que la inauguración de una exposición de Gregorio Ordóñez en el Centro Cultural Eduardo Úrculo de Madrid era el momento perfecto para hacer memoria.

El exministro ha rescatado un episodio de julio de 1996, cuando el Gobierno de José María Aznar —recién aterrizado en la Moncloa— se encontró con 103 inmigrantes irregulares en Melilla. Para Mayor Oreja, resolver aquello fue una odisea digna de un thriller político: cinco o seis viajes a África para devolver a la gente 'individualmente'.

Lo dice con una nostalgia casi conmovedora, admitiendo que 'rozaron la legalidad'. Traducido al lenguaje de la calle: hicieron lo que pudieron saltándose algunas normas para que el problema desapareciera en una semana. Ahora, el exministro mira el espejo retrovisor y compara esos 103 casos con los 70.000 que han llegado este verano a Ceuta, usando la cifra como un mazo para golpear la gestión de Pedro Sánchez.

La narrativa es clara: mientras ellos hacían maletas y negociaban cara a cara, el Gobierno actual, según Oreja, aplica una 'política de tierra quemada'. El análisis del presidente de NEOS no se queda en la frontera; se extiende al País Vasco y Cataluña, sugiriendo que Sánchez busca una España débil para que, al final, no quede más remedio que darle la razón a ETA, a ERC o a Marruecos.

Es la eterna danza política: convertir un agujero administrativo en un proyecto conspirativo de debilitamiento nacional. Al final, cuando le preguntan por dimisiones, Mayor Oreja suspira. No pide lo imposible, porque sabe que en el tablero del poder, la vergüenza es un activo que cotiza a cero.

Crítica:

El texto original es un altavoz de declaraciones unilaterales sin contraste. Convierte una anécdota de hace 30 años en un arma arrojadiza sin aportar datos actuales sobre la gestión de Ceuta.

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