Hay una receta infalible en la gestión pública: anunciar algo con bombos y platillos, olvidarlo en un cajón durante un año y, cuando la realidad te pega un bofetón, etiquetarlo como 'extrema urgencia' para saltarse la fila de la burocracia. El Ministerio del Interior, bajo la batuta de Fernando Grande-Marlaska, ha aplicado este manual al pie de la letra con la valla de Ceuta.
Resulta que el Gobierno ya había prometido a finales de 2025 que los 8,2 kilómetros de perímetro fronterizo estarían blindados con sensores de última generación. Pero claro, entre anuncio y anuncio, el tiempo pasó y los sensores siguieron siendo los mismos trastos viejos.
De repente, tras la entrada masiva de más de 70.000 inmigrantes, el Ejecutivo ha descubierto que proteger la frontera es, efectivamente, urgente.
Para solucionar el entuerto, han recurrido al artículo 120 de la Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público. Es el equivalente administrativo a decir 'se me ha quemado la cena' para justificar que no se ha seguido el proceso ordinario.
El resultado es un contrato de 4,6 millones de euros adjudicado a TRC INFORMATICA SL. Lo más irónico es que el pliego habla de 'acontecimientos imprevisibles', cuando el propio documento admite que el acuerdo para hacer estas obras ya estaba firmado el 30 de abril de 2025.
Mientras el ciudadano medio tiene que esperar meses para una cita médica o luchar con la factura de la luz, el Gobierno ha movilizado fondos europeos para pagar un sablazo millonario en tiempo récord.
Una gestión que no es más que una ingeniería financiera para tapar un agujero de negligencia previa, disfrazando la falta de ejecución de un año como una respuesta heroica ante una emergencia.
Crítica:
El texto original es una denuncia clara, pero el Gobierno intenta camuflar la negligencia temporal con tecnicismos legales. Falta profundizar en el historial de TRC INFORMATICA SL para saber si la 'urgencia' fue el puente perfecto para este proveedor.
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