Rubén Pulido y el negocio de las ONG: "Monetizan cada inmigrante, cada plaza de acogida, cada traslado"

ONGs e inmigración: el negocio del altruismo

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un tablero de ajedrez donde las piezas son maletas y figuras humanas esquemáticas, mientras que las manos que mueven las piezas visten trajes ejecutivos caros y mangas con logotipos de organizaciones humanitarias. Al fondo, una lluvia de monedas de euro cayendo sobre un mapa de España. Estilo editorial de revista económica, colores contrastados, atmósfera de cinismo corporativo.

Hay un negocio redondo donde el cliente no paga, sino que es el producto. En un extremo tenemos a las mafias, que operan con la precisión de una multinacional logística; en el otro, una maquinaria de ONG que ha convertido la solidaridad en un modelo de suscripción financiado con nuestros impuestos.

Rubén Pulido lo deja claro: el inmigrante es la unidad de negocio que hace girar la rueda. El reparto del botín está tan aceitado que parece un acuerdo de caballeros. Cruz Roja, Accem y CEAR se han dividido el pastel de la primera acogida, los traslados y la asesoría legal sin pelearse por las migajas.

Hablemos de números, que es donde la hipocresía se pone el traje de gala. Accem movió a más de 10.000 personas entre 2024 y finales de 2025, con un ticket de unos 300 euros por vuelo. Mientras tanto, Cruz Roja soltaba entre 15.000 y 20.000 euros diarios en comida en la playa del Trampolín durante la crisis de Ceuta, habiendo engullido ya 6,5 millones de euros.

Es como gestionar un buffet libre donde el dueño cobra la cuenta al Ayuntamiento. Lo más cínico es la 'lógica de incentivos'. En este ecosistema, si no te gastas la subvención, el año que viene te recortan el presupuesto. Es la ley del 'gástalo o piérdelo', lo que convierte la eficiencia en un pecado mortal.

Así, el tercer sector ha inflado su plantilla hasta los 500.000 empleados y compensados, alimentándose del flujo migratorio. Acoger a un menor no acompañado cuesta entre 4.000 y 4.500 euros al mes; una cifra que haría palidecer a cualquier alquiler en el centro de Madrid, aunque gran parte de ese dinero no llega al chaval, sino que sostiene los despachos, los sueldos de directores y la estructura de un sistema que no quiere que el problema se solucione, porque entonces se quedarían sin oficina.

Crítica:

El texto es un ejercicio de realismo sucio sobre la gestión pública. Le falta contrastar con datos de auditorías externas para no quedarse solo en la tesis del analista invitado.

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