Moncloa admite el chantaje de Rabat en la frontera española

Moncloa y Rabat: el grifo del chantaje

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un tablero de ajedrez donde una pieza representa una valla fronteriza pequeña y otra mano gigante, oculta en las sombras, sostiene un grifo de agua que vierte una multitud de siluetas humanas sobre el tablero. Estilo editorial de periódico, colores sobrios con contrastes fuertes en rojo y gris.

Gestionar la frontera con Marruecos es, hoy por hoy, como vivir en un piso compartido donde el dueño tiene la llave de la válvula del agua y te amenaza con cortártela si no le llevas la razón en todo. En Moncloa saben que el grifo es ajeno. Mientras Pedro Sánchez se hace el desentendido en público, preguntando con una inocencia casi conmovedora qué podría ganar Rabat con estas tácticas, en los pasillos del poder se admite la realidad cruda: si la relación con el reino alauí se tuerce, podríamos tener a 70.000 migrantes a la semana tocando la puerta de Ceuta.

Un sablazo demográfico que dejaría cualquier presupuesto de seguridad como una propina insuficiente. La hipocresía es el plato fuerte. El presidente cerró filas con Rabat tras la avalancha de más de 72.000 personas los días 30 y 31 de julio, prefiriendo culpar a fantasmas de la 'internacional ultraderechista' o a agentes de Rusia e Israel antes que señalar al vecino.

Es la danza del 'estamos muy bien' mientras el CNI y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad miran el radar con sudor frío, sabiendo que los ataques híbridos no han terminado. El balance final es un ejercicio de contabilidad creativa: de los que entraron, el 90% ya se ha ido, pero quedan 5.000 personas en Ceuta, entre ellas 1.200 menores no acompañados.

Sánchez dice que nadie predijo el caos, aunque Interior y Defensa se hayan tirado los trastos a la cabeza sobre quién sabía qué. Ahora, la prioridad es que los padres en Marruecos pidan el regreso de sus hijos, porque devolverlos sin el visto bueno de Rabat sería como intentar cobrar una deuda a quien tiene la sartén por el mango.

España controla su valla, sí, pero el mando a distancia lo tiene Mohamed VI.

Crítica:

La noticia expone una vulnerabilidad geopolítica brutal, pero el Gobierno intenta camuflar la sumisión con teorías conspirativas sobre Rusia. Falta claridad sobre la discordia interna entre Interior y Defensa.

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