Policías explican cómo se ejecutan las expulsiones de inmigrantes, que solo se «agilizan» tras delinquir

Ceuta: delinquir es la vía rápida

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un escritorio burocrático gigante con montañas de papeles y sellos officiales que forman un laberinto. A un lado, una puerta cerrada con un cartel de 'Espera: 1 año'. Al otro lado, una puerta abierta y brillante con un cartel que dice 'Vía Rápida: Solo Delitos', donde una silueta humana es empujada hacia una frontera desértica. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, atmósfera irónica.

En Ceuta, la burocracia es un muro más alto que cualquier valla fronteriza. Llevamos casi un mes desde que más de 80.000 personas cruzaron la línea, y el Gobierno juega al bingo con las cifras. Mientras el ministro Ángel Víctor Torres insiste en que solo quedan 5.000 refugiados de aquellos 72.000 que entraron los días 30 y 31 de julio, los sindicatos policiales y la Guardia Civil miran el mapa y cuentan entre 8.000 y 12.000.

Esa diferencia no es un error de cálculo; es el abismo entre el despacho climatizado y el barro de la calle. Aquí viene la joya de la corona: para que alguien se vaya, el sistema pide una paciencia casi zen. Jupol advierte que, al ritmo actual de filiaciones individuales —un papeleo que avanza a la velocidad de una tortuga con reuma—, los trámites podrían tardar más de un año.

Es como intentar vaciar el océano con una cuchara de café. Sin embargo, hay un 'atajo' fascinante. Para que la maquinaria administrativa deje de bostezar y se ponga las pilas, hace falta un delito. Fernando Grande-Marlaska lo ha dejado claro en el Congreso: el camino rápido es el juicio rápido.

Si cometes un delito con pena superior a un año, el Estado te regala un billete de ida. De hecho, ya hay más de 100 expulsiones bajo esta modalidad de 'delinque y te vas'. El ejemplo más reciente es el de los 11 detenidos por agredir a cuatro militares el jueves pasado; aceptaron dos años de cárcel canjeados por la expulsión y una prohibición de volver en cinco años.

El duodécimo, que insiste en su inocencia, se ha quedado fuera del trato y, por ende, se queda en la cola del papeleo. Una paradoja exquisita: en Ceuta, la vía más rápida para salir es meter la pata.

Crítica:

El texto original es un catálogo de contradicciones numéricas que el Gobierno intenta maquillar. Resulta grotesco que la única eficiencia administrativa real sea la que se activa mediante la comisión de un delito.

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