López Miras pide desplegar al Ejército y recurrir al Frontex ante la llegada de narcolanchas a la Región de Murcia

Narcolanchas en Murcia: ¿Ejército o barcas averiadas?

politica Una ilustración satírica y conceptual. En primer plano, una patrullera vieja y oxidada con un cartel de 'fuera de servicio'. Al fondo, en el horizonte del mar Mediterráneo, la silueta veloz y oscura de una lancha moderna creando una gran estela de agua, contrastando la precariedad frente a la potencia. Estilo editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de tensión política.

Hay quien dice que la seguridad es un derecho, pero en el litoral murciano parece que se ha convertido en un artículo de lujo, de esos que no llegan en el presupuesto. Fernando López Miras ha salido al ruedo con un tono que ya quisiera cualquier general, exigiendo al Gobierno de España que despliegue al Ejército y a Frontex porque, básicamente, las costas de Murcia se han vuelto el parking preferido de las mafias.

Mientras nosotros peleamos con el cajero automático el día de cobro, en el Mediterráneo desfilan narcolanchas de 1.400 caballos de potencia. Sí, han leído bien: motores que hacen que cualquier coche de carretera parezca una cortadora de césped, tripulados por encapuchados que dejan a la gente en la playa y se marchan tan campantes como quien deja un paquete en Amazon. La paradoja es deliciosa y trágica a la vez.

López Miras, junto a la alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, denuncian que la única patrullera de la Guardia Civil estaba averiada. Es el colmo de la ingeniería administrativa: combatir mafias internacionales con una barca que no arranca y un sustituto que es, en palabras claras, un chiste.

En ocho meses, la cifra de migrantes ya supera los 2.000, y los menores no acompañados han escalado a más de 500, el doble que el año pasado. El presidente autonómico ha enviado una carta a Pedro Sánchez el pasado domingo, pero parece que el Ejecutivo central está en modo 'vacaciones permanentes'.

Mientras tanto, el CATE de Cartagena funciona como una puerta giratoria: pasan 72 horas y, ¡pum!, libertad total sin rastro ni control. Al final, el despliegue en el Estrecho solo ha servido para que las redes criminales busquen un hueco más tranquilo para aparcar, y Murcia, desasistida y con los bolsillos vacíos, ha resultado ser el sitio ideal.

Crítica:

La noticia es un altavoz de la versión autonómica sin dar espacio a la réplica del Gobierno central. Es puro teatro político donde el dato de la patrullera averiada es el único clavo real en un discurso de campaña.

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