Crítica:
El texto original es un despliegue de indignación con datos crudos, pero carece de contrastes oficiales del Gobierno, limitándose a las fuentes de OKDIARIO. Es un relato de trinchera, eficiente en el impacto pero unidireccional.
El texto original es un despliegue de indignación con datos crudos, pero carece de contrastes oficiales del Gobierno, limitándose a las fuentes de OKDIARIO. Es un relato de trinchera, eficiente en el impacto pero unidireccional.
Hay gestos que son como dejar caer el móvil en la taza del váter: incómodos, costosos y con un olor que no se quita con ambientador. El PSOE de Melilla ha decidido que, mientras el resto del tablero juega al fútbol, ellos prefieren jugar al escondite con la bandera. En plena crisis por la invasión de Ceuta, la formación socialista ha sido el único grupo en votar en contra de una moción que defendía la soberanía española. Sí, han sido los únicos. Un 88% de los diputados dijo que sí, mientras que los tres representantes socialistas decidieron que apoyar la españolidad de la ciudad vecina era, probablemente, demasiado mainstream para su gusto. Juan José Imbroda, que no se ha guardado nada, ha calificado la jugada como una 'falta de miras'. Básicamente, les ha dicho que se han quedado cortos, que no dan la talla y que, en lugar de estar con España y la Constitución, parecen más preocupados por hacer malabares con la agenda del partido para salvarle el cuello a alguien en Madrid. Mientras tanto, en las calles de Ceuta, el ambiente no era precisamente de convivencia intercultural; miles de personas salieron a gritarle a Pedro Sánchez con una creatividad verbal que haría sonrojar a un marinero, dejando claro que Ceuta no es un CETI ni un centro de acogida improvisado. El portavoz socialista, Riduan Moh, ha intentado maquillar el asunto diciendo que Imbroda quería 'politizar' la situación. Es el clásico argumento de quien se pilla la mano en la caja de las galletas: decir que el problema es que alguien esté mirando. Mientras el Gobierno de España se tomaba su tiempo para convocar el Consejo de Seguridad Nacional —llegando tarde, como quien llega a la cena cuando ya están sirviendo el café—, el PSOE de Melilla prefería el silencio administrativo sobre la soberanía. Un movimiento maestro de ingeniería política que, en la calle, se traduce simplemente como no estar donde hay que estar.
Hay amistades que valen oro y otras que, curiosamente, multiplican los ingresos por cuatro. David Sanza y Pedro Sánchez se conocieron encestando balones en el equipo del Colegio Ramiro de Maeztu, pero parece que el verdadero juego empezó cuando el líder del PSOE aterrizó en Moncloa en 2018. Mientras el ciudadano medio mira la factura de la luz con pánico, la correduría de seguros de Sanza ha operado un milagro financiero: pasar de unos ingresos ordinarios de 500.000 euros en 2017 a superar los dos millones en 2025. Un crecimiento del 39% en el último año que haría palidecer a cualquier fondo de inversión de Wall Street. Sanza no solo es un experto en pólizas, sino un puente dorado. Fue el 'facilitador' que puso en contacto a Begoña Gómez con Ignacio Mariscal, CEO de Reale, para que la aseguradora soltara 15.000 euros anuales durante cuatro años (60.000 euros en total) para aquella Cátedra de Transformación Social en la Universidad Complutense. Una gestión que ahora tiene a la mujer del presidente paseando por los juzgados por presunto tráfico de influencias y malversación. Pero el negocio no se queda en la academia. Sanza supo leer la pandemia y diseñó seguros para hoteles canarios que, convenientemente, terminaron vinculados al reparto de inmigrantes. Mientras el activo de su empresa se triplicaba —de 1,1 millones a 2,82 millones de euros—, Sanza reorganizaba el tablero familiar a través de su holding Mataka Directorship, desplazando a su padre, Alfonso Sanza Santaolalla. Con una caja de tesorería de 394.130 euros y terrenos en Yaiza valorados en 185.408,54 euros, David ha demostrado que estar en el equipo adecuado no solo sirve para ganar partidos de baloncesto, sino para que el balance contable vuele sin despeinarse.
Hay quien dice que la imagen lo es todo, pero en RTVE se han tomado la frase demasiado en serio. Mientras el ciudadano medio mira la cuenta del súper con el corazón en un puño, la corporación pública ha decidido que poner polvos y peinar flequillos requiere una inversión de 1.212.000 euros (IVA incluido). Sí, han leído bien: más de un millón de euros para que los presentadores no tengan un brillo incómodo bajo los focos de Torrespaña o Prado del Rey. La jugada es tan clásica que asusta. Dicen que hay más trabajo porque ahora tenemos joyas programáticas como 'Directo al grano', 'Malas lenguas' o 'Al cielo con ella', además de los despliegues del Benidorm Fest y visitas papales. Pero el truco está en la letra pequeña: el presupuesto se ha duplicado. Hemos pasado de un contrato de 502.000 euros a uno de 1.002.000 euros sin impuestos. Básicamente, han decidido que es más rentable pagarle a una empresa externa que contratar a gente propia. Aquí es donde entra la aritmética de la calle. Según el sindicato CGT, cada servicio externo sale por unos 60,50 euros con IVA, mientras que si lo hicieran con personal interno, el coste caería a unos 23,95 euros. Un sobrecoste de 36,55 euros por cada pincelada. Es como decidir que, en lugar de cocinar en casa, vas a pedir comida a domicilio tres veces al día solo porque te da pereza encender el fogón, aunque tu cuenta bancaria esté en números rojos. RTVE dice que la plantilla se ha reducido por jubilaciones y fin de contratos, pero la CGT no compra el cuento. Denuncian una externalización salvaje donde se prefiere tirar la tarjeta pública que abrir plazas en la oferta de empleo. Al final, el maquillaje es impecable, pero la gestión contable tiene unas ojeras que no se quitan ni con el corrector más caro del mercado.
Hay quienes piensan que Dubái es el paraíso del lujo, pero para Alejandro Hamlyn terminó siendo una jaula de oro con vistas al desierto. El empresario de hidrocarburos, que se creía intocable mientras el mundo giraba, ha caído finalmente en Abu Dabi tras una huida que empezó en mayo de 2025. No es que Hamlyn fuera un turista prolongando sus vacaciones; es que la Audiencia Nacional tenía ganas de saludarlo para hablar sobre un presunto blanqueo en EE. UU. y un esquema de espionaje policial que parece sacado de una serie de bajo presupuesto. Para entender el nivel de cinismo, hay que mirar la 'nómina' del agente Javier Luis Muñoz. Mientras el ciudadano medio pelea con el precio del aceite, Muñoz cobraba 4.250 euros mensuales desde noviembre de 2022, canalizados convenientemente a través de su esposa. El servicio: abrir las bases de datos restringidas para que el Grupo Hafesa supiera quién miraba sus papeles. Una suscripción VIP a los secretos del Estado. Pero lo verdaderamente jugoso es el 'negocio' con las cloacas del PSOE. En febrero de 2025, Hamlyn se sentó en una videoconferencia de 53 minutos con Leire Díez, Javier Pérez Dolset y Jacobo Teijelo. El trato era sencillo: información sucia sobre el teniente coronel Antonio Balas, el hombre de la UCO que les pisaba los talones, a cambio de un 'papelito' que limpiara sus deudas y problemas judiciales. Hamlyn prometió que con un dato 'Balas estaría muerto', aunque luego admitió que se lo inventó todo para torear a los socialistas. Todo esto ocurre mientras el Grupo Hafesa bailaba sobre un presunto fraude de IVA de 154 millones de euros (2016-2019) y la Diputación Foral de Vizcaya, bajo el mando del PNV, le permitía aplazar el pago de otros 225 millones. Una ingeniería financiera que haría llorar a cualquier gestor de barrio. Ahora, el 'viajero' ha regresado, pero esta vez no es por placer.
Hay algo profundamente poético en ver a un ministro jugar al tenis con los tweets. Óscar Puente, que lleva unos días haciendo malabares con su posible candidatura para suceder a Pedro Sánchez, ha decidido que su nuevo hobby es trolear a Ryanair. El escenario es el de siempre: la aerolínea irlandesa dice que Aena es carísima y que por eso va a recortar tres millones de plazas entre 2025 y 2026. Básicamente, Ryanair quiere que el Estado le baje la factura del alquiler de la pista para seguir engrosando la hucha, usando la 'falta de competitividad' como excusa para apretar las tuercas al Gobierno. Pero Puente ha decidido no comprar el discurso. En lugar de responder con el típico comunicado acartonado de ministerio, ha optado por el sarcasmo digital. Cuando la compañía calificó de 'falsas' sus explicaciones sobre la reducción de vuelos, el ministro soltó una perla en X: 'No sé chicos. Yo me he fiado de lo que dice vuestro CEO. Quizá debía haber buscado una fuente más fiable'. Un zasca en toda regla que traduce la diplomacia institucional al lenguaje de una discusión de bar. La jugada maestra de Puente ha sido usar el arma del enemigo. Ha rescatado las quejas del propio Michael O'Leary contra Boeing y sus fallos de calidad en Seattle con los 737 MAX, citando a Quartz y Tourinews. El mensaje es claro: no es que Aena sea cara, es que Boeing no entrega los aviones y vuestra planificación operativa es un caos. Mientras Ryanair intenta que el Ejecutivo le haga un descuento en las tasas aeroportuarias, el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible le recuerda que, en el juego de las mentiras corporativas, el ministro acaba de aprender a jugar.
Hay una palabra que en el Palacio de la Moncloa se repite con la devoción de un mantra religioso: 'socio fiable'. Mientras tanto, en el otro lado del estrecho, Mohamed VI sigue mirando Ceuta y Melilla como quien mira un terreno que alguien olvidó cerrar con llave. Es la danza eterna de la diplomacia: nosotros ponemos la cara de póker y ellos ponen la tensión. Pero si dejamos de lado los discursos orquestados, los números cuentan una historia mucho más pragmática y, para algunos, indigesta. Según el Observatorio de Complejidad Económica (OEC), en 2024 Marruecos ha decidido que España es su tienda favorita. El 19% de sus exportaciones aterrizan aquí, un sablazo de 12.000 millones de dólares que deja a Francia, con sus 10.000 millones (15,8%), comiendo polvo en el segundo puesto. No hablamos de cuatro cajas de dátiles; hablamos de maquinaria eléctrica, electrónica, ropa y hasta camiones. Lo fascinante es el ritmo de crecimiento. Desde que Pedro Sánchez tomó el mando en 2019, cuando las exportaciones marroquíes hacia España eran de 8.000 millones de dólares, la cifra ha subido un 50%. Es un crecimiento que haría palidecer a cualquier cuenta de ahorros doméstica. Y en el camino inverso, el flujo es igual de generoso: España ha pasado de venderle a Marruecos 8.970 millones en 2019 a unos 14.500 millones en 2024, un salto del 61,65% que incluye combustibles y maquinaria pesada. La paradoja es deliciosa. Marruecos depende de nosotros para respirar económicamente —el 65% de sus ventas van a la UE—, pero no duda en lanzar dardos políticos. Mientras tanto, para España, Marruecos es apenas un 3,66% de nuestras exportaciones totales. Básicamente, somos el cliente que paga todas las facturas mientras el proveedor nos recuerda que, en cualquier momento, podría cambiar la cerradura de la puerta.
Mientras Pedro Sánchez terminaba de broncearse en La Mareta, Lanzarote, la ciudad de Ceuta se convertía en un tablero de juego donde las piezas son personas y los espacios, el patrimonio de los vecinos. El calendario es cruel: el 30 de julio estalla el caos migratorio y el Consejo de Ministros, que parece operar con el ritmo de una siesta eterna, decide despertar el 25 de agosto. Veinticinco días después, cuando la paciencia de la calle ya no cabe en un vaso de agua, el Gobierno activa el mando único bajo la batuta de Ángel Víctor Torres, quien promete flexibilidad hasta el 31 de diciembre, como quien te dice que la factura del gas es 'negociable'. La solución propuesta es un ejercicio de optimismo surrealista. Mediante un real decreto, el Ejecutivo ha decidido que los polideportivos de Santa Amelia, La Libertad, Antonio Campoamor, Guillermo Molina y Díaz-Flor —sí, esos donde los niños juegan y hay piscinas climatizadas— son el sitio ideal para gestionar la crisis. Es como si, ante una inundación en tu casa, la solución fuera convertir el salón y la cocina en un almacén de esponjas. A esto se suma el Hospital Militar, el aparcamiento de Loma Colmenar y la antigua fábrica de harinas. El Ministerio de Defensa y el de Transición Ecológica también han puesto sus granos de arena, cediendo terrenos en Loma Margarita, la Hípica, la explanada del Guano y el Acuartelamiento Coronel Fiscer. Juan Jesús Vivas, el presidente de la ciudad, ha reaccionado con la indignación de quien descubre que le han cambiado la cerradura de casa sin avisar, ya que estos sitios no figuraban en la lista del domingo. El Gobierno local recurrirá a la justicia, sabiendo que convertir el barrio en un campamento improvisado es la receta perfecta para que la convivencia explote como un petardo en agosto.
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