La Justicia investiga a la empresa elegida por Exteriores para gestionar citas de visados

Visados a la carta: el negocio de BLS

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un pasaporte español abierto sobre una mesa de oficina oscura, donde las páginas de visados se transforman en billetes de euro que fluyen hacia un coche de lujo moderno. Al fondo, un sello oficial de consulado que tiene forma de máquina expendedora de dinero. Estilo editorial de revista, colores contrastados, atmósfera de corrupción sofisticada.

Hay quien dice que el servicio público es una vocación; otros, como el canciller Vicente Moreno, prefieren tratarlo como una franquicia personal de alta rentabilidad. En el Consulado de Argel, la diplomacia no consistía en estrechar manos, sino en contar billetes. Mientras el ciudadano honesto esperaba una cita que nunca llegaba —como quien espera que el autobús pase puntual un lunes por la mañana—, una estructura criminal operaba un sistema de 'fast-track' donde el requisito no era el pasaporte, sino el fajo de euros.

El precio de saltarse la cola era un sablazo de hasta 25.000 euros por familia, una cifra que hace que cualquier hipoteca parezca un juego de niños. Para que el negocio rodara, hacía falta un portero que decidiera quién entraba y quién no. Ahí entra BLS, la empresa india que el Ministerio de Asuntos Exteriores, bajo la mirada de José Manuel Albares, contrató en 2016 por unos jugosos 175 millones de euros.

Resulta curioso que Exteriores eligiera a una compañía ya salpicada por escándalos en India y EE. UU., pero supongo que en el mundo de las adjudicaciones, el currículum es lo de menos si el sello es el correcto. La ingeniería financiera era de manual: el efectivo se recogía en la calle y se blanqueaba en España comprando coches, transformando sobornos en chapa y motor.

La jueza María Tardón ya ha puesto el ojo en Moreno, en el trabajador local Mohamed Boutouchent y hasta en la mujer del canciller. Lo más surrealista es el 'castigo' de Moreno: tras quedar libre, Exteriores lo ha recolocado en la subdirección general de Asuntos Patrimoniales.

Básicamente, lo han pasado al rincón de los castigados, donde gestionan 500 edificios con un presupuesto congelado de 13,5 millones de euros. Un movimiento maestro: el zorro ahora cuida la gallinera de los inmuebles.

Crítica:

La noticia es exhaustiva en datos, pero el Ministerio de Exteriores brilla por su ausencia al no explicar por qué contratan empresas con antecedentes. El traslado del investigado a otra unidad es la definición perfecta de impunidad administrativa.

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