Hay una ironía deliciosa en el aire: mientras el ciudadano medio pelea con la administración para renovar un pasaporte o consigue que le den una cita previa mediante un milagro divino, el Ministerio del Interior ha montado un servicio de atención al cliente VIP en las cárceles.
Según datos del Portal de Transparencia actualizados al 29 de julio de 2026, hay 291 presos extranjeros que han solicitado la regularización de sus papeles. Sí, han pasado de estar en el limbo legal a intentar conseguir la residencia mientras esperan que un juez decida si se quedan en la celda o vuelven a casa.
El Real Decreto 316/2026 ha sido el catalizador de este surrealismo.
No hablamos de personas con condena firme, sino de internos preventivos; aquellos que están en el 'limbo' procesal. El despliegue ha sido casi publicitario: en abril, Instituciones Penitenciarias dio instrucciones para informar a los internos, facilitando documentación y hasta apoyo lingüístico.
En Zaragoza, la cosa llegó al nivel de colocar carteles en los módulos, como si se tratara de anunciar el menú del día en un comedor escolar.
El mapa del 'éxito' es curioso. Murcia lidera el ranking con 46 solicitudes (una sola cárcel ya suma 38), seguida muy de cerca por Madrid con 43 repartidas en siete centros.
Castellón aporta 38, Alicante 34 y Córdoba junto a Canarias cierran el grupo con 23 cada uno. Mientras tanto, el Sindicato Unificado de Policía (SUP) se lleva las manos a la cabeza, advirtiendo que dar papeles a alguien en prisión provisional es como intentar cerrar la puerta del establo cuando el caballo ya ha saltado la valla: dificulta las futuras expulsiones.
Fernando Grande-Marlaska, con la calma de quien maneja el tablero, asegura que los antecedentes penales son el filtro, pero la realidad es que el proceso sigue su curso, aunque el Ministerio guarde celosamente el dato de cuántos han sido aceptados. Una gestión administrativa que, sinceramente, envidiaría cualquier emprendedor intentando darse de alta como autónomo.
Crítica:
La noticia es un catálogo de omisiones voluntarias; el Ministerio oculta cuántas solicitudes han sido concedidas, dejando el dato final en un agujero negro administrativo. Es un ejercicio de transparencia a medias que solo sirve para contar peticiones, no resultados.
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