Crítica:
El texto original baila entre la denuncia de la Guardia Civil y la diplomacia del Gobierno sin mojarse. Deja un vacío peligroso sobre el coste real de esa 'barrera neumática' que promete el Ejecutivo.
El texto original baila entre la denuncia de la Guardia Civil y la diplomacia del Gobierno sin mojarse. Deja un vacío peligroso sobre el coste real de esa 'barrera neumática' que promete el Ejecutivo.
Hay una ironía deliciosa en el hecho de que la 'limpieza moral' y la memoria democrática estén hoy en manos de quien sabe moverse en los pasillos del poder más turbio. Óscar González, el hombre que ahora lidera el PSOE en Argentina y gestiona la Ley de Nietos, no es precisamente un novato en el arte de la ingeniería política. Entre 2008 y 2015, González fue secretario de Relaciones Institucionales de Cristina Kirchner, una mujer que actualmente disfruta de una prisión domiciliaria tras ser condenada a seis años de cárcel por el 'estafa maestra' de la Causa Vialidad. Mientras el Estado argentino intenta recuperar unos 400 millones de dólares que terminaron en las empresas familiares de la ex presidenta y su amigo Lázaro Báez, González sigue gritando a los cuatro vientos que Cristina está 'injustamente detenida'. Pero el negocio real aquí no es la nostalgia, sino el censo electoral. Bajo la batuta de González y el respaldo de figuras como Pilar Cancela, el PSOE argentino ha transformado la Ley de Memoria Democrática en una aspiradora de votos. Con hasta un millón de peticiones —650.000 solo en Buenos Aires—, la estrategia es clara: convertir el pasaporte español en un ticket de lotería política. La jugada es tan agresiva que han logrado nacionalizar a descendientes de emigrantes que se fueron de España 54 años antes de que empezara la Guerra Civil, gracias a una 'reinterpretación' creativa de Sofía Puente que ya huele a prevaricación y tiene un juzgado echándole el ojo. Al final, mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación, el PSOE exterior hace una compra masiva de votantes en el extranjero, usando la memoria histórica como el envoltorio de un regalo electoral muy conveniente.
Hay quien hace la compra en el Mercadona y quien, para gestionar sus activos, prefiere el brillo cegador de la alta joyería. Resulta que el rescate de Plus Ultra no solo dejó turbulencias aéreas, sino un rastro de diamantes que conduce a Exclusividades Vagú. No hablamos de una joyería de barrio con mostrador de cristal, sino de una arquitectura financiera diseñada con la precisión de un reloj suizo y la opacidad de una niebla caribeña. El esquema es fascinante: nace en la Quinta Vagú, en Las Mercedes (Caracas), pasa por el duty free del Aeropuerto de Maiquetía y se asienta en Bogotá, para luego desplegar un despliegue de sociedades en Panamá que harían sudar a cualquier inspector de Hacienda. Pero el aterrizaje final es el Paseo de la Castellana, en Madrid, donde la red se vuelve tangible. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación, aquí se mueven piezas tasadas en más de 1,3 millones de euros, intervenidas en el despacho del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Lo verdaderamente cómico —si es que podemos llamarlo así— es que Vagú es el paraguas de un ecosistema donde conviven marcas como Breitling, Gucci o BMW con una red de abogados y administradores que saltan de la joyería a holdings energéticos e inmobiliarios sin despeinarse. Es la clásica ingeniería financiera: usar el lujo como fachada para que el flujo de fondos parezca una simple pasión por los accesorios VIP. La UDEF ahora intenta descifrar si estas joyas son adornos personales o el envoltorio brillante de una red de fondos vinculada al rescate de la aerolínea venezolana. Al final, el brillo del oro suele servir para distraer la vista de los agujeros contables.
Hay que tener valor para llamar 'estratégico' a un gasto que tiene la misma tracción que una feria de pueblo en día de lluvia. El Ministerio de Igualdad, bajo el mando de Ana Redondo, ha decidido que la mejor forma de evangelizar a la juventud sobre la diversidad es mediante el tebeo. El resultado es 'Pasaje Begoña', una historieta sobre la Torremolinos de los 60 y 70 que ha costado la módica suma de 6.106,03 euros. Para que el ciudadano medio lo entienda: mientras tú te peleas con la inflación para que la cesta de la compra no parezca un atraco a mano armada, el Ministerio se gasta más de seis mil pavos en un archivo digital que solo 137 personas se han molestado en descargar. Un éxito rotundo, si lo que buscabas era el silencio absoluto. La ingeniería financiera es fascinante. Se pagaron 4.999,99 euros por los derechos y la maquetación, y otros 1.106,04 euros para imprimir 300 ejemplares que probablemente estén cogiendo polvo en algún cajón ministerial. Todo esto lleva el sello de Julio del Valle de Íscar, responsable de la Dirección General para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas LGTBI+, quien en 2025 percibió un sueldo de 101.408,25 €. Es conmovedor ver cómo alguien que cobra más de cien mil euros al año gestiona la 'resistencia' juvenil con la eficacia de un mando a pilas gastadas. El cómic, dibujado por Vito Montolio, narra la vida nocturna y la Gran Redada de junio de 1971. El valor histórico es indiscutible, pero el valor administrativo es una broma de mal gusto. Este 'Pasaje Begoña' no es un hecho aislado, sino el postre de un banquete de despilfarros donde ya hemos degustado desde aplicaciones de 211.000 euros para repartir las tareas del hogar hasta 2,8 millones para fomentar la masturbación en mayores de 60. Al final, la única diversidad real es la de las formas de vaciar la caja pública.
Hay una forma de gestionar las crisis fronterizas y luego está la de Pedro Sánchez: dejar que el caos se instale mientras los ministros pulen sus habilidades en el arte del insulto digital. En Ceuta, la entrada masiva de miles de personas desde Marruecos ha dejado al descubierto una gestión con más agujeros que un colador, pero lo verdaderamente fascinante no es la tragedia, sino el circo mediático que le sigue. Primero llegaron Iker Jiménez y Carmen Porter, quienes cambiaron el bronceo por el barro en una entrega especial de Horizonte. El resultado fue un festín de audiencia: un 13,5% de cuota, rozando el millón de espectadores de media y sumando 3,3 millones de televidentes únicos. Básicamente, el país entero decidió que prefería ver la realidad en Ceuta que cualquier otra cosa en la tele. Entonces aparece Ana Rosa Quintana. La periodista decidió que sus vacaciones eran prescindibles y montó un despliegue que haría palidecer a una campaña electoral. Desde este domingo en Fiesta, pasando por los Informativos de Fin de Semana, hasta el lunes en La Mirada Crítica, Vamos a Ver e Informativos Telecinco. Un itinerario tan apretado que no deja espacio ni para respirar. Pero claro, que el periodismo se mueva cuando el Gobierno se queda congelado es un problema. Óscar Puente, el ministro de Transportes, decidió que la respuesta institucional adecuada no era dar soluciones, sino jugar a los memes en X. El ministro publicó un GIF de un buitre, sugiriendo que Ana Rosa es una carroñera de la noticia. Es la nueva diplomacia del Estado: si no puedes arreglar la frontera, intenta humillar a la que informa sobre ella. Un despliegue de elegancia digno de alguien que cree que un emoji sustituye a una política de Estado.
Hay un arte casi místico en la capacidad de Moncloa para gestionar el silencio. Mientras Ceuta intenta respirar tras un episodio de tensión fronteriza que ha dejado a comerciantes y vecinos con los nervios a flor de piel, el presidente Pedro Sánchez ha decidido que el momento requiere, más que una estrategia de seguridad, un buen ritmo. El contraste es tan violento que parece un error de montaje: por un lado, la gravedad de un 'ataque a la integridad de España' y la gestión de mafias que trafican con seres humanos; por el otro, un sofá blanco y una sonrisa imperturbable. Sánchez, en un despliegue de modernidad digital, ha lanzado su 'banda sonora del verano'. No es una lista cualquiera; son 31 canciones donde conviven la vanguardia del urbano con la nostalgia del rock. Así, mientras en la frontera se coordinan retornos y se mitiga el impacto socioeconómico, el líder del Ejecutivo nos recomienda 'El Baifo' de Quevedo, 'SS26' de Charli XCX o 'Tantas cosas' de Melani, sin olvidar que Madonna y The Rolling Stones siguen siendo básicos para cualquier currículum de 'estoy actualizado'. Es la misma ingeniería comunicativa que ya vimos durante las protestas por la Ley de Amnistía o en esos plenos parlamentarios donde la oposición le llovía críticas: cuando el incendio político sube de temperatura, Moncloa saca el abanico de TikTok. Es el equivalente político a que el administrador de tu comunidad te envíe un vídeo bailando mientras el ascensor lleva tres semanas roto y hay goteras en el portal. Una estrategia de 'frescura' que, en lugar de conectar, deja al descubierto un abismo entre la realidad del asfalto y la burbuja del Palacio, donde la crisis migratoria parece resolverse mejor con un beat urbano que con una hoja de ruta.
Hacer un presupuesto doméstico es hoy un deporte de riesgo, pero en el Ministerio de Igualdad el dinero fluye con la naturalidad de quien tiene la tarjeta del contribuyente sin límite de crédito. El último 'estreno' es el "Pasaje Begoña", un cómic que recrea la noche de Torremolinos entre 1962 y 1971. El coste de esta joya gráfica: 6.106,03 euros. Para que el ciudadano medio lo entienda, es como pagar el alquiler de un piso pequeño durante medio año para que 137 personas —sí, solo 137 descargas— le echen un vistazo rápido en el móvil. La ingeniería financiera es fascinante. Se gastaron 4.999,99 euros solo en derechos de reproducción y maquetación, y otros 1.106,04 euros en imprimir 300 ejemplares que probablemente ahora sirven de calzos para alguna mesa de oficina. Todo bajo la firma de Julio del Valle de Íscar, responsable de la Dirección General para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas LGTBI+, quien en 2025 percibió un sueldo de 101.408,25 euros. Mientras el ilustrador Vito Montolio dibujaba la resistencia contra la Gran Redada de 1971, la administración dibujaba un agujero contable más en su hoja de Excel. Este tebeo es solo la punta del iceberg de una colección de excentricidades. Es el postre después de habernos tragado una app de 211.000 euros para repartir las tareas del hogar o 2,8 millones para fomentar la masturbación en mayores de 60. El Ministerio, ahora bajo Ana Redondo, parece operar bajo la premisa de que el presupuesto público es un fondo de fomento para el arte conceptual y la pedagogía de nicho. Al final, la única 'lección de resistencia' que queda es la del ciudadano, que resiste cada día que el Estado le saca más dinero del bolsillo para financiar viñetas que nadie lee.
Hay quien dice que la privacidad es un derecho, pero lo de Pedro Sánchez ya es un deporte de riesgo para el resto de los mortales. Mientras el ciudadano medio se pelea con la aplicación del banco para ver si llega al final del mes, el presidente ha decidido que 732.202 m² de océano son demasiado espacio para compartir. El Gobierno, mediante la Capitanía Marítima de Las Palmas y el Ministerio de Transportes de Óscar Puente, ha levantado un muro invisible de un kilómetro alrededor de La Mareta. Básicamente, si tu barco se acerca a la zona de Costa Teguise entre el 1 y el 24 de agosto de 2026, te conviertes en un intruso en el paraíso privado del jefe. Lo fascinante es el contraste, esa ironía fina que ya roza lo surrealista. El mismo viernes, Sánchez aterrizó en Ceuta para una visita relámpago de 105 minutos. Un 'estoy aquí, saludo y me voy' para luego volar directo a Lanzarote. En Ceuta, el discurso era la seguridad y el despliegue de boyas en el Tarajal para frenar una avalancha de marroquíes que el Supremo ya había advertido. Pero claro, la seguridad es un concepto elástico: para Ceuta son boyas y sentencias; para las vacaciones del presidente en una finca de 30.900 m², es un radioaviso (el NR-2048/2026) que prohíbe la navegación. La Mareta, ese regalo del rey Hussein II de Jordania que Felipe VI cedió a Patrimonio Nacional para 'promocionar el turismo', se ha convertido en el refugio personal de la familia Sánchez y Begoña Gómez. Con piscinas, helipuerto y la firma de César Manrique, el palacio es el escenario perfecto para descansar sin que ninguna embarcación perturbe la paz del contribuyente que paga la fiesta. Un despliegue de seguridad marítima que hace que navegar por Lanzarote sea ahora más complicado que conseguir una cita en el consulado.
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