Imaginen que contratan a un gestor para organizar sus cuentas y resulta que el tipo es el mejor amigo de su exmujer. Así de pánico suena el aviso que ha llegado a Alberto Núñez Feijóo: si llega a Moncloa y no hace una limpieza a fondo en el CNI, el Gobierno podría saltar por los aires en seis meses.
No es una película de James Bond, es la realidad de un servicio de inteligencia que, según agentes consultados por THE OBJECTIVE, ha sido 'colonizado' por el PSOE.
El problema es que el corazón del Estado no es un mueble de IKEA que se monta y desmonta según el color del partido.
Ahora mismo, la cúpula —directora, secretario general y tres directores generales— tiene un perfil más político que profesional. Los espías advierten que los 3.700 miembros del centro son una maquinaria potente, pero que si quedan al servicio de intereses ajenos al Estado, se convierten en bombas de relojería.
Es como dejar que el enemigo gestione la llave de tu caja fuerte mientras tú intentas dormir tranquilo.
Mientras Pedro Sánchez juega al calendario, apuntando a 2027 o quizás a un adelanto técnico, en los pasillos de la Policía y la Guardia Civil ya se huele el cambio de guardia.
Hay una guerra de egos donde los mandos se posicionan, perpetuando esa costumbre tan nuestra de premiar la afinidad ideológica sobre el currículum.
Para colmo, ya hay nombres sobre la mesa, como Miguel Ángel Sánchez San Venancio, quien pasó de la inteligencia técnica a ser jefe de Seguridad de Telefónica bajo José María Álvarez Pallete.
Pero ojo, que los de 'la Casa' no están convencidos. Piden a gritos a alguien que conozca el barro del servicio, no a un ejecutivo de traje caro que venga a aplicar manuales de empresa en el mundo del espionaje.
Crítica:
La noticia se basa enteramente en 'fuentes internas' sin una sola prueba documental, convirtiéndose en un teléfono escacharracao de pasillo. El alarmismo de los 'seis meses' huele a estrategia de presión interna más que a análisis de inteligencia.
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