Crítica:
La noticia es un ejercicio de frialdad administrativa que omite cuántos otros 'Yang' siguen operando en la sombra. Es un espectáculo de rigor judicial que sirve más como advertencia política que como justicia social.
La noticia es un ejercicio de frialdad administrativa que omite cuántos otros 'Yang' siguen operando en la sombra. Es un espectáculo de rigor judicial que sirve más como advertencia política que como justicia social.
Hay quien dice que la política es el arte de lo posible, pero en Galicia, allá por 2005, parecía más bien el arte de la aritmética creativa. Mientras el ciudadano de a pie se pelea con la factura de la luz, el PSOE montó una maquinaria de precisión para quitarle la Xunta a Manuel Fraga. En el centro de la jugada, un joven Pedro Sánchez y Óscar López, actuando como asesores bajo el mando de José Blanco, aprendieron que el voto exterior es como un comodín en el póker: puede salvarte la partida cuando las cartas en casa no ayudan. La jugada fue maestra. Fraga se quedó a un suspiro de la mayoría absoluta con 37 escaños, mientras Touriño sumaba 25. El partido se decidió en Pontevedra, donde el PP sacó 15.361 votos (49,7%) frente a los 13.518 (43,7%) socialistas. ¿El truco? Un crecimiento espectacular del voto extranjero que permitió arañar ese último diputado clave. Fue un sablazo electoral basado en la movilización de emigrantes, especialmente desde Argentina, donde hoy el Gobierno sigue operando con la Ley de Memoria Democrática. Lo fascinante es el 'deja vú'. Si en 2005 ya sabían cómo mover el tablero, ahora lo hacen a escala industrial. A través de una instrucción de Sofía Puente, la ley de los 'nietos' se ha convertido en la ley de los 'tataranietos', permitiendo que cualquiera con un ancestro español del siglo XIX consiga el pasaporte. Con un millón de solicitudes en Argentina, el Gobierno no solo está reparando la historia, está fabricando un censo electoral a medida. El PSOE ha sido la fuerza más votada en el exterior en los últimos procesos de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. No es filantropía; es ingeniería electoral pura y dura.
Hay una coreografía fascinante en el ejercicio del poder: esa capacidad de mirar a alguien a la cara en televisión y decir que es un 'gran desconocido', mientras que en la intimidad del WhatsApp se gestionan favores como quien pide un recado en la panadería. La última filtración de los chats entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos es una clase magistral de hipocresía institucional. Mientras el presidente se dedicaba a borrar el rastro de su antiguo confidente, el 7 de febrero de 2024 —apenas trece días antes de que la Guardia Civil le cayera encima a Koldo García—, Sánchez le lanzaba un «¡Qué paciencia tienes!» tras ver un vídeo de Ábalos toreando a Cayetano Martínez de Irujo en el programa 'Todo Es Mentira'. Lo irónico es que el 'desconocido' Ábalos no solo era el confidente, sino el chófer político que limpiaba el camino. En enero de 2024, Sánchez no lo usaba para filosofar sobre la democracia, sino para hacer el trabajo sucio en Valencia. Necesitaba que Diana Morant se impusiera sobre Alejandro Soler y, como quien tira de una tarjeta de confianza ya desgastada, le pidió ayuda directa el 26 de enero. «Ok. Pues te la pido yo», sentenció el presidente. Ábalos, fiel hasta la última gota de ingenuidad, movió los hilos con Santos Cerdán y dejó el tema 'arreglado' el 30 de enero. El contraste es brutal: el presidente utiliza a Ábalos para disciplinar al PSOE valenciano y, acto seguido, lo lanza debajo del autobús cuando el caso Koldo empieza a oler a quemado. Pasar de un «¡Muchas gracias, José Luis!» a fingir amnesia selectiva es una maniobra de ingeniería financiera emocional que solo alguien en Moncloa podría ejecutar con tanta frialdad. Al final, el 'pescozón' no fue para el noble de Arjona, sino para el propio Ábalos, que descubrió que en la alta política la amistad dura exactamente lo que tarda en llegar la primera citación judicial.
En la alta esfera del poder, parece que el árbol genealógico es la mejor herramienta de inversión. Mientras el ciudadano medio se pelea con el calendario de la renta, en los pasillos del Ministerio de Hacienda se gestionaba la venta de María de Molina 50 —la joya de la corona inmobiliaria madrileña— con una lógica digna de un bazar clandestino. Un empresario, que prefiere el anonimato para que no le cierren el chiringuito profesional, ha soltado la bomba: en 2021, para avanzar con la compra, le exigieron un 'peaje' del 3% destinado a un supuesto primo de María Jesús Montero. No era una sugerencia, era el precio de entrada al club. El intermediario y su socio se quedaron mirando el techo, preguntándose quién era ese primo invisible que, sin mover un dedo ni captar un solo cliente, pretendía llevarse un porcentaje que haría palidecer a cualquier gestor de fondos. Para que el negocio cuadrara, el comprador tendría que haber soltado un 6% total: un 3% para los profesionales que sí trabajaban y un 3% para el 'pariente' del poder. Un sablazo tan descarado que los inversores decidieron que era mejor pasar de largo que alimentar el árbol genealógico de la ministra. La operación, que empezó en 2019 con un precio de salida de 196 millones de euros y terminó en un desierto absoluto, acabó resolviéndose a mediados de 2023. Tras bajar el precio al umbral de los 156 millones, el Grupo Lar (via Barnaby Investment) y BlackRock se lanzaron al ruedo, cerrando la compra en 2024 por 204,7 millones de euros. El edificio ahora se transforma en 153 viviendas de lujo y una residencia de 400 camas. Al final, el 'primo' no apareció en la escritura, pero el aroma a ingeniería financiera familiar sigue flotando en el aire de Madrid.
Hay niveles de patriotismo y luego hay niveles de delirio. Imaginen la escena: Francia despacha a Paraguay en el Mundial, el equipo de Didier Deschamps hace los deberes y Kylian Mbappé, con la calma de quien tiene el contrato más caro del planeta, califica el juego sudamericano de «sucio». Hasta ahí, fútbol y fricción normal. Pero entonces entra en escena Celeste Amarilla, senadora del Partido Liberal Radical Auténtico desde 2023, quien decidió que su función pública consistía en lanzar un ataque que hace que un comentario de taberna parezca un debate en la ONU. Amarilla no se limitó a la rabia deportiva. Se lanzó al barro del racismo más rancio, llamando a Mbappé «camerunés colonizado», sugiriendo que en vez de leche materna «chupaba cocos» y que sus maestros eran «chimpancés». Es el tipo de discurso que uno esperaría de alguien que ha perdido la cabeza, no de alguien que firma leyes. La senadora, que ya tiene la costumbre de buscar pleitos —como cuando llamó «periodista devenida en reina» a Letizia en 2021—, pretendía defender a la Albirroja con el lenguaje del odio. Mbappé, que no es precisamente un desconocido en el arte de gestionar su imagen, no se quedó mirando el paisaje. El delantero del Real Madrid le devolvió el golpe con la elegancia de un bisturí: «Madame Celeste Amarilla, usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo». El futbolista tradujo la situación a lenguaje terrenal: mientras los jugadores paraguayos sudaban honor en el campo, su senadora estaba en Twitter cavando un agujero de vergüenza internacional. Al final, la política paraguaya intentó jugar al ataque, pero cometió el error de principiante de confundir el fervor patriótico con la ignorancia más absoluta.
Óscar Puente ha presentado el nuevo mapa concesional del autobús y, sinceramente, es un ejercicio de equilibrismo donde el único que pierde el equilibrio es el bolsillo del pasajero. La joya de la corona es una paradoja digna de estudio: viajar de Madrid a Badajoz seguirá siendo más caro que irse hasta Lisboa. Sí, Portugal. Resulta que cruzar la frontera es más barato que moverse por casa, simplemente porque los trayectos internacionales juegan con la competencia, mientras que los nacionales son un club privado donde Alsa y Avanza se reparten el 75% del pastel. El Ministerio nos vende un diseño de 34 corredores y suelta más de 70 millones de euros en subvenciones para diez de ellos, pero es como ponerle un parche de marca a un pantalón deshilachado. Mientras la media nacional debería bajar a 0,06715 euros por kilómetro, hay rutas que se ríen de la aritmética. Si quieres ir de Madrid a Toledo o de Teruel a Barcelona, prepárate para un sablazo del 41,5% por encima de esa media. El trayecto Madrid-Toledo-Badajoz se queda un 30,2% más caro que el promedio. Comparado con el resto de Europa, España es el 'estropajo' del transporte: Alemania es un 19,9% más barata y Portugal, la gran bofetada de realidad, tiene tarifas un 81,5% inferiores a las nuestras. El movimiento #ViajaMásEnAutobús lo ha dejado claro: es una oportunidad perdida. Hemos añadido complejidad burocrática y gasto público, pero el precio del billete sigue pareciendo el de un viaje en jet privado. Para rematar el cuadro, la falta de transparencia en los contratos y el fantasma de los litigios judiciales, como el del corredor Bilbao-Castro Urdiales, prometen que este mapa será más un campo de batalla legal que una solución de movilidad.
En el tablero del poder madrileño, el Gobierno de Pedro Sánchez ha intentado jugar una partida de ajedrez donde el CNI es la reina y el Cifas un simple peón. La idea era sencilla: un 'acuerdo marco de colaboración' que debía firmarse antes del 1 de julio. Suena a lenguaje burocrático aburrido, pero en la calle esto se traduce como querer las llaves del coche del vecino sin darle el mando a cambio. El Cifas, el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas, ha mirado el borrador y ha sentido el frío de una 'tomadura de pelo'. La jugada es descarada. El CNI quiere acceso libre a los medios e información militar, básicamente entrar en la despensa ajena y llevarse lo que quiera sin dar explicaciones. Para la inteligencia militar, esto no es cooperación, es una 'fagocitación' en toda regla; es pasar de ser un jugador profesional a quedar en 'segunda división'. Mientras el mundo real arde y Europa se reúne en Alemania, Polonia y Ucrania de militar a militar, el plan es que los civiles del CNI se conviertan en los únicos interlocutores, dejando a los uniformados como simples secretarios de lujo. El trasfondo es el miedo clásico al 'seguro de vida' político. Los militares sospechan que Sánchez quiere insertar sus propios 'peones' en el Ejército para colonizar la institución antes de que unas posibles elecciones generales lo desalojen de La Moncloa. Hay una fractura interna: el jefe del Cifas quiere el apretón de manos, pero la base y el Jemad se niegan a 'pasar por el aro'. Al final, mientras la Directiva de Seguridad Nacional sugiere un modelo equilibrado como el de EE. UU. o Italia, aquí preferimos el modelo del 'acapara-todo', donde un solo servicio quiere el 60% del pastel, incluyendo la seguridad interior y la inteligencia de señales, dejando al resto bajo la bota.
En el mundo de la política, hay silencios que gritan y fotos que funcionan como granadas de fragmentación. Santos Cerdán, el antiguo número tres del PSOE, ha decidido jugar al ajedrez con su libro 'La caída'. Pero no es un libro de memorias, es un catálogo de 'recuerdos selectivos'. El plato fuerte: un par de fotografías con Gustavo Petro y otra con Mario Delgado Carrillo, del partido Morena. Lo curioso es que en el texto no se menciona ni una palabra sobre ellos. Es como si te dejaras una factura sin pagar sobre la mesa del comedor; no hace falta que digas 'me debes dinero', el papel habla solo. La escena nos remonta a enero de 2022. Mientras el ciudadano medio contaba los céntimos para llenar el carrito, en Ferraz se firmaba un 'acuerdo de fraternidad' con Colombia Humana. Pedro Sánchez posaba para la foto, pero quien puso la firma —la que realmente compromete el cheque— fue Cerdán. El objetivo era claro: Petro necesitaba gasolina económica para su campaña y Sánchez quería la silla de presidente de la Internacional Socialista, cargo que alcanzó en noviembre de ese año. Una transacción de manual: yo te ayudo con el presupuesto, tú me ayudas con el currículum internacional. Ahora, Ferraz está en modo pánico. El libro circula por WhatsApp (porque en el partido son muy solidarios y prefieren no gastar en la librería), y los cuadros sociales sospechan que Cerdán está enviando un mensaje cifrado sobre la ingeniería financiera del Grupo de Puebla y el Foro de São Paulo. No olvidemos que el fantasma de Víctor de Aldama sigue rondando, sugiriendo que el PSOE usó cupos de petróleo venezolano de PDVSA para alimentar la Internacional Socialista. Cerdán no ha escrito una biografía; ha dejado caer un rastro de migas de pan que conducen directamente al cajón de los secretos sucios.
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