Crítica:
El texto original es una mina de oro de sospechas, pero le falta el enlace formal que confirme la relación contractual actual de Inmark. Es un ejercicio de 'conectar puntos' que deja al lector con hambre de pruebas judiciales.
El texto original es una mina de oro de sospechas, pero le falta el enlace formal que confirme la relación contractual actual de Inmark. Es un ejercicio de 'conectar puntos' que deja al lector con hambre de pruebas judiciales.
Hay quienes regalan flores y quienes regalan palacios en la Castellana. Pedro Sánchez ha optado por lo segundo, inaugurando este lunes un edificio público cedido a la Organización Mundial del Turismo (OMT) con una generosidad que haría palidecer a cualquier ONG. No es un alquiler compartido ni un préstamo de fin de semana; es una cesión gratuita por 75 años. Para que el detalle fuera redondo, el Estado no solo entregó las llaves, sino que se dejó en la cartera 24,6 millones de euros para la reforma. Mientras el ciudadano medio pelea con la letra pequeña de la hipoteca, el Ejecutivo ha firmado un cheque en blanco por tres cuartos de siglo. La coincidencia temporal es, cuanto menos, curiosa. Este despliegue de altruismo institucional llega después de que Zurab Pololikashvili, el jefe de la OMT, hiciera de puente dorado para que Begoña Gómez aterrizara en círculos de negocios internacionales. Incluso Inmark, la consultora donde Gómez acumuló acciones y contratos públicos, logró pescar un contrato en la República Dominicana gracias al empujón de la OMT tras la pandemia. Es el ciclo perfecto: contactos, contratos y un edificio gratis en el corazón de Madrid. La fiesta de inauguración no ha sido un trámite. Sánchez ha movilizado un despliegue de siete ministros, incluyendo a Carlos Cuerpo, Yolanda Díaz, José Manuel Albares y Fernando Grande-Marlaska, para escoltar el acto. Un despliegue digno de una cumbre geopolítica para celebrar que la OMT tiene casa nueva. Todo esto mientras la UDEF pone la lupa sobre Pololikashvili, vinculado a un viaje con José Luis Rodríguez Zapatero a Bolivia para que el exmandatario embolsara 200.000 euros evitando una multa a una empresa peruana. La generosidad pública, al parecer, tiene un lenguaje muy específico y se habla fluidamente en los pasillos de la Moncloa.
Hay que tener un talento especial para pasar de gestionar carteras ministeriales en España a coleccionar pasaportes caribeños como quien junta cromos. José Bono, el eterno superviviente, ha aterrizado en República Dominicana no precisamente para tomar sol, sino para montar un tablero de Monopoly energético. Todo empezó en octubre de 2020, cuando Luis Abinader le regaló la nacionalidad dominicana mediante un decreto presidencial, abriéndole la puerta de garaje a un ecosistema de sociedades como Sociedad Veleta y Teivelpir SRL. Mientras el ciudadano medio lucha con el precio del alquiler, Bono y su séquito —donde aparecen nombres como Dimas de Andrés Puyol y el exdiputado Juan Segovia— se han movido en la liga de los grandes. El programa '55 Minutos con Julissa Céspedes' ha destapado que Segovia y el empresario Williams Jiménez están pegados a dos proyectos solares, Las Parras Energy y Pimentel Energy. Hablamos de una inversión inicial de 146,2 millones de dólares. Sí, millones con 'M', una cifra que haría palidecer a cualquier libro de cuentas doméstico. Estas joyas fueron adjudicadas en 2024 a MedCap Energy Caribe, SRL, por la Comisión Nacional de Energía. Lo fascinante es la 'magia' administrativa: cuando los periodistas pidieron los contratos, la Comisión Nacional de Energía aplicó la técnica del 'no hay nada que ver aquí', alegando que no estaban en la web ni en el portal de contratación pública. Para rematar la función, MedCap Energy Caribe parece una empresa fantasma que juega al escondite telefónico, con respuestas contradictorias sobre si realmente existen. Y como si el sol no fuera suficiente, Bono también parece haber sido el 'consultor invisible' en la reforma de la Policía Nacional Dominicana; la institución niega el contrato, pero las fotos oficiales lo sitúan en la mesa de los jefes. Un asesorado muy eficiente: cobra en influencia y paga con invisibilidad contractual.
Imaginen que el censo electoral es como la lista de invitados de una boda: si de repente aparecen miles de desconocidos que dicen ser primos lejanos solo para comer gratis, cualquiera empezaría a sospechar. Eso es exactamente lo que Iustitia Europa ha llevado a la Junta Electoral. El partido ha lanzado un grito de alerta sobre la Ley 20/2022 de Memoria Democrática —la famosa «Ley de Nietos»—, denunciando que el Censo de Residentes Ausentes (CERA) se ha convertido en una especie de caja negra donde se inscriben electores masivamente sin que nadie sepa muy bien por qué acaban asignados a una provincia u otra. El problema es que en España los escaños se reparten por provincias. Si alguien que no ha pisado el país en décadas acaba adscrito a una provincia pequeña por un 'error' administrativo o una 'complacencia' consular en Argentina, Brasil o Cuba, el resultado electoral puede cambiar más que el precio del aceite en el súper. Luis María Pardo, portavoz de la formación, pide que la Oficina del Censo Electoral (OCE) deje de jugar al misterio y explique el soporte documental de cada alta. Para darle color a la denuncia, Iustitia Europa lanza la cifra de 3.202.002 españoles en el exterior a enero de 2026 (un subidón del 5,1%). Pero aquí hay un truco de magia contable: están usando el Padrón (PERE) del INE, publicado el 19 de marzo de 2026, que incluye a 451.968 niños que no pueden votar. El censo real de votantes (CERA) es de 2.664.898. Mientras tanto, Hazte Oír se ha ido al Parlamento Europeo el 22 de junio con unas 50.000 firmas (o 47.000, según quien cuente) llamando a esto un «golpe de Estado». Mucho ruido, mucha retórica de barricada, pero de momento, la JEC no ha dicho ni mu.
Hay una palabra que en los despachos del poder suena a música celestial y en la calle a estafa: 'intachable'. Así describió María Jesús Montero a José Antonio Marco Sanjuán, su antiguo 'tres', mientras el sujeto, aparentemente, decoraba su domicilio con fajos de billetes ocultos. Pero el verdadero arte no estaba en el colchón, sino en el suelo de Tarragona. Marco Sanjuán, inspector especial que hoy sigue cobrando su nómina en la Delegación de la Agencia Tributaria en la Comunidad Valenciana, resultó ser un experto en el 'urbanismo de oportunidad'. A través de la sociedad Naves Europark SL —donde ostenta un 7,22% vía Investment Betancunia SL—, el funcionario controlaba dos fincas en Les Gavarres que suman más de 23.000 metros cuadrados. Mientras el ciudadano medio pelea con la letra pequeña de la luz, Marco Sanjuán y su socio, Gonzalo Perdrix Ecequiel (un subinspector de Hacienda en excedencia), vigilaban el macroproyecto Hard Rock, valorado en 2.000 millones de euros. La ironía es deliciosa: el hombre encargado de vigilar que todos paguen sus impuestos usaba su mercantil para 'canalizar pagos' de empresarios a cambio de anular pleitos fiscales. Un servicio de limpieza contable premium. Pero aquí llega el giro de guion. Esos mismos terrenos se entrelazan con la trama de José Luis Rodríguez Zapatero. La Audiencia Nacional investiga un contrato de octubre de 2021 con Idella Consulenza, propiedad de Julio Martínez (alias 'Julito'), donde se pactó un 3% de retribución. Traducido al lenguaje de la calle: un sablazo de 60 millones de euros. Para que todo pareciera legal, alguien tuvo la brillante idea de borrar la palabra «comisión» del contrato. Mientras tanto, Marco Sanjuán escribía emocionado por WhatsApp: «Con el terreno me voy a forrar». Una honestidad brutal que rara vez se ve en los boletines oficiales.
Hay formas muy elegantes de expresar el desprecio político, y luego está el método de la calle Bambú. Este domingo, la sede nacional de Vox decidió estrenar un sistema de 'decoración efímera' bastante peculiar. Primero, un anónimo decidió que la entrada del edificio necesitaba una colección de penes de plástico. Un detalle sutil, casi minimalista. Pero el arte conceptual no terminó ahí. Horas más tarde, otro individuo, probablemente con un sentido del humor piromaníaco, decidió que el plástico necesitaba un toque de calor, rociando los juguetes con líquido inflamable y prendiéndoles fuego. El resultado fue una fachada con marcas de quemaduras, un recordatorio visual de que la política actual tiene la temperatura de una barbacoa mal gestionada. Lo más cómico del asunto es que el fuego se extinguió solo. Ni siquiera hicieron falta los bomberos; la combustión de los falos fue tan breve como la paciencia de los vecinos de Madrid un domingo por la tarde. No hubo heridos, solo el orgullo herido de una formación que ahora se encuentra con el dilema de explicar en una denuncia oficial que su edificio fue vandalizado con juguetes eróticos incendiados. Santiago Abascal y su equipo ya han anunciado que acudirán a las autoridades para buscar a los responsables. Porque claro, en la era de las cámaras de seguridad, encontrar a alguien que lanza plástico y juega con mecheros debería ser más fácil que aprobar una ley en el Congreso. Mientras tanto, la sede de Vox luce esas manchas negras en la pared,lecciones de química básica aplicadas al odio político, donde el coste material es mínimo pero el ridículo es, sencillamente, monumental.
El Gobierno ha vuelto a jugar al Monopoly con la realidad y, como siempre, ha perdido la partida antes de tirar los dados. Cuando lanzaron el proceso de regularización extraordinaria, los despachos oficiales nos vendieron que habría unos 500.000 beneficiarios. Una cifra redonda, cómoda, casi de catálogo. Pero la calle, esa que no entiende de hojas de Excel optimistas, ha respondido con un bofetón de datos: entre 1,2 y 1,3 millones de personas han pedido sus papeles. Es decir, el Ejecutivo no es que se equivocara por un margen aceptable, es que calculó el presupuesto de una cena para cinco y se ha encontrado con un banquete para doce. Mientras los ministros se miran el ombligo, el Sindicato Unificado de Policía (SUP) se frota las manos con la ironía de quien avisó y no le hicieron caso. Los especialistas policiales ya hablaban de 1,25 millones de solicitudes. Ahora, la broma pesada pasa de la estadística al barro. Las Brigadas Provinciales de Extranjería y Fronteras están operando en modo supervivencia, ahogadas en un mar de expedientes y verificaciones documentales sin que nadie haya tenido la brillante idea de enviar más personal. Es la clásica gestión de 'estirar el chicle' hasta que se rompe. Lo mejor llega ahora. El SUP advierte que las unidades de Documentación de la Policía Nacional, que ya estaban saturadas en Madrid y Barcelona —donde conseguir cita previa es más difícil que ganar la lotería—, deberán gestionar la toma de huellas y la expedición de las TIE. El Gobierno ha reforzado algunas áreas administrativas, pero ha dejado la cocina (la identificación y el papeleo real) con el mismo personal de siempre y unas retribuciones que parecen una broma de mal gusto. Planificar la regularización de un millón de personas sin reforzar quien firma el papel es como comprarse un Ferrari y no tener gasolina para salir del garaje.
Hay quien dice que jubilarse es descansar, pero para la vieja guardia del PSOE parece ser el momento ideal para dedicarse a la 'consultoría creativa' en el Caribe. José Bono, que hace seis años se consiguió la nacionalidad dominicana como quien pide un menú del día, ha pasado de los despachos de Madrid a asesorar en la sombra la reestructuración de las Fuerzas de Seguridad de la República Dominicana. Un trabajo muy noble, si no fuera porque Estados Unidos ha decidido que sus actividades son, digamos, 'poco transparentes'. Washington no se anda con chiquitas. Mientras el ciudadano medio pelea con la letra pequeña de la factura de la luz, Bono y su círculo, donde destaca el exdiputado Juan Segovia, habrían montado un chiringuito de inversiones millonarias en energía solar. Lo curioso es que estos contratos, avalados por la Comisión Nacional de Energía, son como los calcetines perdidos en la lavadora: no aparecen en ningún registro oficial. Una ingeniería financiera donde el rastro del dinero es más invisible que la honestidad en un mitin electoral. El cerco se ha cerrado tras la cumbre 'Escudo de las Américas' en Florida el pasado marzo, donde Luis Abinader recibió el 'tirón de orejas' de la Administración Trump para limpiar el patio de juegos de la impunidad. Y es que el aire huele a quemado desde el 19 de mayo, cuando José Luis Rodríguez Zapatero fue imputado en la causa de Plus Ultra. Resulta casi cómico que el Departamento del Tesoro de EEUU estuviera esperando a Zapatero en el aeropuerto de Las Américas para evitar que se escapara a Caracas en un vuelo privado del Palacio de Miraflores. Al final, la presión de Trump sobre el régimen de Maduro hasta su caída el 3 de enero ha dejado al descubierto que el hilo que une a los exministros españoles con el Caribe es, en realidad, una autopista de fondos opacos.
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