El segundo de Marlaska insistió en pagar 23 millones para controlar pateras tras descartar un contrato de 20 millones

El 'milagro' de los 23 millones: Gauzón gana

politica Una ilustración satírica de estilo editorial. Un gran barco oceánico de color gris militar siendo remendado con cintas adhesivas brillantes y costosas. En el puente de mando, un burócrata con traje elegante ignora una montaña de papeles rojos de 'denegado' y 'error' mientras sostiene un cheque gigante. Fondo marino con monedas de oro cayendo al fondo del océano. Estilo conceptual, colores contrastados, sin rostros reales.

En la administración pública existe un arte místico llamado 'insistencia'. No es terquedad, es una disciplina olímpica donde el objetivo es darle el dinero a quien quieres, aunque el camino esté lleno de señales de 'prohibido el paso'. El caso es digno de una comedia de errores con presupuesto de blockbuster.

Rafael Ruiz, el exsecretario de Estado de Seguridad y mano derecha de Marlaska, decidió que Gauzón Ibérica era la pareja ideal para gestionar los buques oceánicos de la Guardia Civil. El problema es que el Tribunal Administrativo Central de Recursos Contractuales ya les había puesto un veto en un contrato previo de 20 millones por saltarse el principio de igualdad.

¿La solución? Un despliegue de ingeniería administrativa fascinante. Primero, dejaron el procedimiento desierto. Ni el que ganó el recurso, ni nadie. Luego, para que los barcos Río Segura, Río Miño y Río Tajo no se convirtieran en museos flotantes mientras esperaban que alguien los manejara, recurrieron a la vieja fiabilidad de las 'emergencias'.

Siete veces. Siete parches rápidos para evitar que el sistema colapsara mientras, en paralelo, cocinaban la jugada final. El resultado fue un contrato de 23.179.333 euros firmado en marzo de 2025, donde Gauzón Ibérica volvió a ganar la lotería administrativa. Lo más surrealista es que ni siquiera la Abogacía del Estado ni la Intervención estaban convencidos.

El 7 de enero de 2025, los técnicos advirtieron que la empresa no acreditaba la solvencia técnica exigida. En el lenguaje de la calle, es como intentar contratar a un capitán de barco que no presenta el título de navegación, pero el jefe decide que 'está bien así' tras una votación de tres contra dos.

Mientras el ciudadano medio pelea con la administración por una ayuda de 100 euros, aquí se han movido 23 millones con la naturalidad de quien pide un café, ignorando los avisos de los abogados para que el dinero termine en el mismo bolsillo de siempre.

Crítica:

El texto original es una mina de oro de irregularidades, pero falla al no cuestionar por qué se permitieron siete emergencias consecutivas. Es un manual de cómo saltarse la ley mediante la insistencia administrativa.

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