Crítica:
El texto se limita a reproducir la información judicial sin aportar un análisis profundo. El titular, aunque llamativo, cae en el sensacionalismo. Falta contexto sobre la importancia real de la cooperación con EEUU.
El texto se limita a reproducir la información judicial sin aportar un análisis profundo. El titular, aunque llamativo, cae en el sensacionalismo. Falta contexto sobre la importancia real de la cooperación con EEUU.
En RTVE, la luz se fue… y con ella, la cabeza de José Ángel Calero, jefe de la Unidad de Instalaciones Eléctricas. Un despido que, según los de dentro, es como ponerle un parche a una tubería reventada con cinta aislante. El problema, señalan con sorna, no es un técnico, sino que la cadena pública lleva años funcionando con sistemas más viejos que el cazo de la abuela. La fusión de TVE y RNE en 2021, lejos de ser una sinergia, resultó en un laberinto burocrático donde nadie sabía quién tenía que cambiar una bombilla, literalmente. Y mientras tanto, la factura de la luz sigue subiendo. El sablazo viene por la falta de inversión: 2024 y 2025 pasaron sin cumplir los presupuestos, dejando a los sistemas obsoletos y sin un plan B. El resultado: apagones en directo, como el del 15 de mayo que dejó a La 1 y Canal 24 en negro durante 20 minutos. Y aquí viene lo bueno: el programa 'La hora de la 1', conducido por Silvia Intxaurrondo, ¡mantuvo su liderazgo en audiencias con la pantalla en negro! Kantar Media (ahora Fifty5Blue) no da explicaciones, pero la cosa huele a chamusquina. Sergio Romero, el nuevo jefe de luminotecnia, tendrá la tarea de modernizar todo, pero ¿con qué presupuesto y con qué personal? La pregunta es retórica, claro. Todo esto, mientras los altos cargos se preguntan por qué bajan las audiencias…
La Policía, con el aliento de un Gobierno que parece disfrutar del caos organizado, se prepara para una avalancha de papeleo digna de la gestoría de un faraón. Tras recibir 549.546 solicitudes de regularización –casi medio millón de personas buscando un respiro burocrático–, el plan es simple: más horas extra. Sí, como cuando te dicen que te van a pagar el sabado para que hagas doble turno. El Ministerio de Migraciones, con Elma Saiz al frente, tramita y resuelve, mientras que la Policía revisa historiales, buscando fantasmas en el armario. Y claro, si el sistema informático falla (que ya está fallando, según CSIF), la cosa se pone más divertida. Pero la verdadera joya del plan es la compensación: 25 euros por hora extra, hasta un máximo de 45 horas al mes. El doble de lo habitual, dicen, lo que ha levantado ampollas entre los agentes, que se sienten más como bomberos apaga fuegos que como funcionarios públicos. Jupol, el sindicato, ya ha alzado la voz: “¿Refuerzo estructural? No, gracias. Mejor que los policías se sacrifiquen un poco más”. La resolución policial, con su lenguaje eufemístico, habla de “ampliar la capacidad operativa”. En cristiano, significa que los agentes de Documentación, ya sobrecargados, trabajarán tardes y sábados para expedir las 91.000 TIE (Tarjetas de Identificación de Extranjeros) que ya han sido admitidas a trámite. Un plan de choque que, según los sindicatos, confirma que el Gobierno sabía que esto iba a pasar, pero prefirió improvisar. Y mientras tanto, Correos también se ahoga en papeleo, con empleados que denuncian la falta de personal y la congelación de contrataciones. En resumen, una fiesta burocrática pagada con el sudor (y los 25 euros por hora) de los funcionarios.
La cosa pinta mal, y no por el clima. Mientras el ciudadano de a pie calcula si estirar el mes con la lista de la compra, el Ministerio del Interior, bajo la batuta de Fernando Grande-Marlaska, ha decidido que regularizar a miles de personas vale el doble que mantener las calles seguras. Sí, lo leíste bien. 25 euros por hora para tramitar papeles, frente a los míseros 10 que reciben los agentes por evitar que te quiten el móvil. La Unión Federal de Policía (UFP) ha alzado la voz, denunciando un agravio que huele a chamusquina y una planificación que parece escrita en servilletas de bar. Casi 600.000 solicitudes de regularización, una cifra que apunta a superar el millón según fuentes internas, y el Gobierno prioriza el papeleo burocrático sobre la seguridad ciudadana. ¿La justificación? Pues que el proceso es “de enorme trascendencia jurídica”. Traducido: hay que dar carpetazo a una promesa electoral, cueste lo que cueste. Y no solo eso, la UFP alerta de que delincuentes excarcelados, con prontarios más largos que un atasco en la M-30, están intentando colarse en la regularización. Imaginen el panorama, un auténtico negocio para las mafias que ya se frotan las manos ante la llegada de millones de personas. La doble vara de medir es evidente: el Gobierno encuentra los recursos para incentivar la tramitación de expedientes, pero cuando se trata de proteger a los ciudadanos, la respuesta es siempre la misma: “no hay presupuesto”. Un cuento chino que ya nadie se cree. ¿Acaso los policías son de primera para lo que le interesa al Gobierno y de segunda para lo demás? La pregunta queda en el aire, mientras la seguridad ciudadana se devalúa a los ojos de quienes deberían protegerla. Un auténtico circo, con el ciudadano de a pie pagando la entrada.
El ministro Óscar Puente, conocido por su verbo expeditivo, ha encendido la red al cuestionar la bendición de un tren con destino a Barcelona, donde el Papa León XIV se preparaba para una misa multitudinaria. Mientras un millón de feligreses se agolpaban en Cibeles, un grupo de obispos, liderados por Francisco César García Magán, oficiaba un ritual ferroviario pidiendo “serenidad y confianza” para el trayecto. Puente, con la ironía afilada de quien ha visto pasar trenes (y broncas), replicó que dudar de la seguridad del ferrocarril español era “de bastante mal gusto”, recordado, con sorna, que tras el accidente de Angrois “no recuerda si hubo exorcismo”. El choque dialéctico es revelador. Mientras el gobierno, con Pedro Sánchez a la cabeza, intenta proyectar una imagen de modernidad y eficiencia, la Iglesia, a través de sus representantes, apela a lo ancestral. Un contraste que se traduce en cifras: el tren español, según Puente, tiene el mismo nivel de seguridad que el alemán o el francés, a pesar de tragedias como las de Adamuz. Pero la seguridad, al parecer, no se mide solo en rieles y protocolos, sino también en fe y preces. La bendición, un gesto simbólico, se ha convertido en un balón de oxígeno para la oposición, que ve en la reacción de Puente una falta de respeto a la religión. ¿Pero dónde queda el sentido común cuando se pide una bendición para un medio de transporte que, estadísticamente, es más seguro que el coche? La pregunta flota en el aire, mientras el Papa León XIV, ajeno a la polémica, recorre las calles de Barcelona. Y el ministro Puente, probablemente, ya está preparando su próxima réplica.
El Papa, qué casualidad, visitaba España justo cuando a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, le tocaba dar explicaciones en el Senado. ¿Una coincidencia piadosa o la excusa perfecta? El PP, con mayoría en la Cámara Alta, quería saber de qué viento soplaba en las reuniones de González con Leire Díez, exmilitante socialista y presunta líder de las “cloacas” del PSOE. La UCO, la Unidad Central Operativa de la Benemérita, había destapado el canasto de la ropa sucia, revelando al menos tres encuentros entre González y Díez entre septiembre de 2024 y abril de 2025. El PSOE, por su parte, clama interés partidista, argumentando que la visita papal requería “coordinación especial” y que, obviamente, la seguridad del Sumo Pontífice es más importante que aclarar si la directora de la Guardia Civil estaba al tanto de una supuesta operación de “delincuencia de Estado” para extorsionar a investigadores de corrupción. La cita, inicialmente fijada para el 11 de junio, se pospuso, para disgusto del PP, que ya pedía la cabeza de González. Ahora, la nueva fecha se baraja entre el 15 y el 19 de junio, un plazo que parece diseñado para que el escándalo se diluya entre las noticias de la visita papal y las vacaciones de verano. Mientras tanto, el Gobierno “gobierna” y el interés general, según el PSOE, siempre estará por encima de la curiosidad del PP. La directora de la Guardia Civil, por su parte, se escuda en la fe, una estrategia que, cuanto menos, resulta curiosa.
La UCO, esa unidad de la Guardia Civil que parece sacada de una novela de espías, ha destapado un hervidero de correos electrónicos. No se trata de spam de Viagra, no. Son intercambios entre David Sánchez, su hermano y, atención, Begoña Gómez, la esposa del Presidente. ¿El motivo? Gestionar un puesto a medida en la Diputación de Badajoz, un trabajo que, según las acusaciones, se creó 'ad hoc', como un traje hecho a medida para un sastre con mucho tráfico de influencias. Todo esto salió a la luz durante el juicio, donde Iustitia Europa, la acusación, desgranó cinco correos electrónicos, entre 2018 y 2021, que revelan cómo se fue cocinando la creación de la Oficina de Artes Escénicas. Un correo en particular, de María Emilia Parejo, advertía de la incompatibilidad de David Sánchez con otras actividades profesionales, una incompatibilidad que, curiosamente, desapareció con el cambio de nombre del puesto. ¿Casualidad? La acusación dice que no, que fue una maniobra para eliminar obstáculos. Pero la cosa no acaba ahí. Los correos también incluyen documentación sobre conflictos de intereses, alquileres y cuentas bancarias. Y la pregunta que flota en el aire es: ¿por qué no se investigaron a fondo esos envíos? Algunos apuntan a órdenes superiores, a que se “pusieran de perfil” y concluyeran rápido. Mientras tanto, Vox asegura que el verdadero responsable es un “fantasma” llamado Pedro Sánchez. La Fiscalía, por su parte, pide la absolución de todos los acusados, argumentando que no hay pruebas suficientes. En resumen, un laberinto de correos, acusaciones y contradicciones donde el olor a podrido es, cuanto menos, perceptible. Un sablazo a la transparencia, mientras la lista de la compra de cada ciudadano se vuelve más cara.
La vida, señores, es un chiste con consecuencias. Mientras la lista de la compra se dispara y el sablazo en la factura de la luz te deja temblando, Sarah Santaolalla, tertuliana con conexiones influyentes, disfruta de una escolta policial de lujo: 15 agentes a su disposición. Sí, quince. Una pequeña legión, cortesía del Ministerio del Interior liderado por Fernando Grande-Marlaska. La denuncia de Jupol, sindicato de la Policía Nacional, es demoledora. Resulta que esos agentes no vienen de la nada, sino que son sustraídos de la protección de testigos protegidos, gente con un “peligro objetivo altísimo” para su vida o la de sus familias. La historia se complica. Tras un altercado con el reportero Vito Quiles, Santaolalla denunció una agresión que un juzgado madrileño, tras revisar los vídeos, consideró inexistente. Archivo. Pero el privilegio persiste. Jupol denuncia que Marlaska, “con una llamada”, autorizó el despliegue. Y no solo eso: según el sindicato, a Santaolalla se le han asignado diez policías de contravigilancia, robados a la seguridad del propio delegado del Gobierno en Madrid. El contraste es brutal. Un agente por cada 100 mujeres maltratadas, una ratio que roza la indecencia. Mientras tanto, el hermano del presidente, David Sánchez, también goza de protección policial. ¿Peligro inminente? Preguntan, con ironía, en Jupol. La escolta inicial de Santaolalla, solo cuatro agentes, ya costaba 12.000 euros mensuales. Imaginen ahora la factura con quince. La frustración en la Policía es palpable: prefieren estar en las calles, defendiendo a los ciudadanos, no escoltando a alguien cuya vida, según un juez, no corre peligro.
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