Oldest evidence of cannabis use discovered in 2,700-year-old royal tomb

Jinetes escitas: el primer 'rave' real

ciencia Una ilustración conceptual y cinematográfica de una tumba antigua en las estepas siberianas. En el centro, restos de joyas reales y semillas doradas esparcidas sobre suelo de piedra fría. Al fondo, siluetas etéreas de caballos nómadas fundiéndose con humo verde esmeralda que asciende en espirales. Estilo artístico hiperrealista, luz dramática de claroscuro, atmósfera mística y ancestral.

Parece que el 'estilo de vida relajado' no es una invención de los millennials ni una moda de cafeterías hípsters en Berlín. Resulta que hace 2.700 años, en las estepas de Siberia, la aristocracia ya sabía cómo gestionar el estrés del poder. En una tumba real en Tuva, justo en la frontera con Mongolia, los arqueólogos han desenterrado el equivalente a un suministro industrial de la época: unas 1.000 semillas de cannabis depositadas cuidadosamente junto a los difuntos.

No estamos hablando de cultivar cáñamo para hacerse una mochila sostenible. Gino Caspari, del Universidad de Berna, y su equipo han pasado el escáner de la ciencia por el cabello de los ocupantes de la tumba y han encontrado THC y CBN. Para los que no hablen 'química de calle', esto significa que los escitas —esos jinetes nómadas que dominaban el este de Irán y que migraron hacia Ucrania y Rusia entre los siglos VIII y IX a.C.— no solo tenían caballos rápidos, sino que también disfrutaban de viajes astrales.

Mientras nosotros hoy discutimos si la legalización es un riesgo social, los escitas del siglo VIII a.C. integraban la planta en sus rituales funerarios con una naturalidad pasmosa. El lujo de la tumba no se limitaba al 'hierba'; el despliegue de poder incluía el sacrificio de 18 caballos y, muy probablemente, de algunos humanos, porque en aquel entonces el concepto de 'despedida digna' era mucho más sangriento que un catering de buffet libre.

La datación por radiocarbono de seis semillas confirma que el vicio real estaba instaurado mucho antes de que el mundo moderno supiera lo que era un análisis de orina. Una joya arqueológica publicada en la revista Science que nos recuerda que, al final, el poder siempre ha buscado la misma forma de evadir la realidad.

Crítica:

La noticia es un despliegue de datos fascinantes, pero peca de prudente al no profundizar en la conexión entre el uso ritual y la estructura social escita. El contraste entre el cannabis y los sacrificios humanos queda relegado a un párrafo final, cuando es el verdadero núcleo de la hipocresía del 'estatus' real.

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