The sun's atmosphere is way hotter than its surface. Scientists may finally know why

El Sol: Polvo cósmico calienta la corona

ciencia Una ilustración conceptual y surrealista del sol donde la superficie parece una costra fría y oscura, pero la atmósfera exterior (corona) es una explosión vibrante de hilos de plasma blanco y dorado. Pequeñas partículas de polvo brillantes actúan como chispas eléctricas que conectan la superficie con la atmósfera, creando un efecto de cortocircuito cósmico. Estilo artístico digital, cinematográfico, fondo negro profundo del espacio.

La naturaleza tiene un sentido del humor retorcido: el Sol, nuestra gran bombilla cósmica, es más frío por fuera que por dentro. Resulta que la corona solar, esa aureola de luz que solo vemos en los eclipses, alcanza temperaturas superiores al millón de grados Fahrenheit, mientras que la superficie, la fotosfera, se queda en unos modestos 9,932 grados Fahrenheit (5,500 grados Celsius).

Es como si al tocar la pared de una casa te quemaras menos que al respirar el aire del jardín. Durante décadas, los científicos se rompieron la cabeza buscando la explicación, mirando electrones e iones como quien busca una moneda perdida en el sofá. Pero llega la sonda Parker Solar Probe, que se ha atrevido a rozar la corona a unos 6.1 millones de kilómetros, y descubre que el secreto estaba en lo que nadie quería limpiar: el polvo.

Sí, polvo cósmico. El equipo de Syed Ayaz, de la Universidad de Alabama en Huntsville, se dio cuenta de que el experimento FIELDS estaba registrando picos de voltaje extraños. No era un fallo eléctrico ni un fantasma en la máquina; eran granos de polvo cargados eléctricamente chocando contra la sonda a velocidades absurdas.

Este 'sucio' espacial interactúa con las ondas de Alfvén, que son básicamente las autopistas de energía del plasma. Dependiendo de si manda la masa del polvo o su carga eléctrica, la energía se transporta más lejos o se descarga localmente, calentando la corona hasta niveles delirantes.

Todo esto quedó plasmado el 1 de julio en The Astrophysical Journal. Al final, el misterio de millones de años se resume en que el universo, al igual que una casa sin barrer, tiene sus propias partículas flotando que cambian las reglas del juego.

Crítica:

El texto original es excesivamente técnico en la parte final sobre la masa frente a la carga. Se pierde el ritmo narrativo para intentar explicar física de plasma en un párrafo.

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