Leiregate: El PSOE en la picota
La libreta azul de Leire Díez, más reveladora que el último balance del banco, desvela que el intento de 'limpieza' en el PSOE no empezó con la imputación de Begoña Gómez, sino mucho antes, allá por 2019. Mientras tú y yo peleábamos por el último tomate a precio de saldo, esta trama ya estaba en marcha. El origen, según la UCO, se remonta a los ERE de Andalucía y a la 'muerte social' deseada para la juez Mercedes Alaya, aquella que osó investigar a Vicente Fernández, el ex de SEPI y pareja de Díez. La cosa se puso seria cuando Fernández, tras ser forzado a dimitir, prometió venganza a través de Díez: “Volverás y nos ocuparemos de que el tumor se extirpe”. Frases que suenan a telenovela, pero que esconden 679 millones de euros desviados y un agujero contable del tamaño de un campo de fútbol.
Santos Cerdán, entonces secretario de Organización del PSOE, se ve en el centro del huracán, negando la evidencia de 39 reuniones con Díez. Él dice que los audios de Villarejo ya eran conocidos; la UCO dice que mintió. Un tira y afloja mientras 188.000 euros desaparecen con el propósito de 'desestabilizar' cualquier investigación incómoda. ¿Desestabilizar? Digamos que 'poner zancadillas' a la justicia. La trama, con un ingenioso grupo de WhatsApp llamado ‘Hirurok’ (nosotros tres en euskera), amasó 750.000 euros en inmuebles. Mientras el ciudadano de a pie se endeuda para pagar la hipoteca, estos se forran a costa del rescate público.
La trama también se dedicó a colocar a sus amigos en consejos de administración, como el caso de Cistec Technology, que recibió 1,3 millones de euros de la Sepides el mismo día que el Estado compró un 25,5% de la compañía. Un 'favorcito' a cambio de 'algo'. Y todo esto, mientras antiguos dirigentes socialistas como Elena Valenciano se reunían en secreto con Díez. Un culebrón de poder, dinero y corrupción que demuestra que, en política, las apariencias engañan más que un escaparate de rebajas. La 'fontanera' del PSOE, como la llaman, se encargaba de la logística, mientras los peces gordos movían los hilos desde Ferraz.
Mario Herrera